Del corrido de narcotráfico al narcocorrido: Orígenes y desarrollo del canto a los traficantes

Ramírez-Pimienta/narcocorrido

 

En La Jornada de ayer leí una nota que anunciaba el regreso de Lupillo Rivera al narcocorrido (el artículo en La Jornada).

La verdad no creo que  se haya ido del todo. Me imagino que los seguía interpretando en sus presentaciones personales. Declaró Lupillo que por consejo de su padre se había alejado del género hace diez años.  Trató sin mucho éxito la música de mariachi y otros estilos.  Ahora regresa al narcocorrido….

En un artículo académico que publiqué en el 2004 trato entre otros temas el acto de malabarismo que deben hacer algunos grupos que saben que la gente quiere oír narcocorridos pero que por otra parte se dan cuenta que puede ser políticamente incorrecto.   El artículo se titula “Del corrido de narcotráfico al narcocorrido: Orígenes y desarrollo del canto a los traficantes”. Y se publicó en Studies in Latin American Popular Culture. Special issue on border culture. XXIII (2004):21-41.

 

Hablo también de los orígenes del género y de otros tópicos en relación al narcocorrido. Si a alguien le interesa reproducirlo puede hacerlo, pero citen la fuente por favor.

 

 

Del corrido de narcotráfico al narcocorrido: Orígenes y desarrollo del canto a los traficantes

Juan Carlos Ramírez-Pimienta

San Diego State University – Imperial Valley

Studies in Latin American Popular Culture. Special issue on border culture. XXIII (2004):21-41.

 

                                                Para Guillermo Hernández

 

Narcocensura

Censurados y censores en relación al tema de los narcocorridos tuvieron un encuentro de criterios en México el 14 de diciembre del año 2002.  En esa ocasión, el presidente de la delegación del estado de  Michoacán de la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT), Arturo Herrera Cornejo, señaló que  42 radiodifusoras de ese estado habían decidido sacar de su programación los narcocorridos.  1 La razón aducida fue que estos exaltan delincuentes y que no debían “constituirse en estereotipos de conducta a seguir.” Señaló además que el objetivo de retirarlos era proteger a la niñez pues los narcocorridos no enaltecen “los valores del ser humano, sino el hecho de traer una camioneta Suburban con rines dorados, traer cadenas de oro, traer anillos de diamantes, matar a mucha gente”.  Finalmente Herrera Cornejo aclaró que tal acción no representaba una prohibición sino que meramente era un “ejercicio de autorregulación.” 2

El encuentro de criterios se dio cuando afirmó que “el género del corrido que está en boga, nada tiene que ver con las canciones que hablaban de hazañas de personajes de la Revolución.”3 Esta afirmación es muy parecida a la expresada por Los Tigres del Norte lo mismo en México que en España al hablar de los corridos y de los narcocorridos.  Los Tigres, uno de los grupos que más han denunciado ser víctimas de la censura en México 4 y los principales exponentes del corrido durante las últimas tres décadas, afirmaron en España que: “En México ya no se pueden hacer corridos de Pancho Villa ni de la revolución mexicana, porque ahora se viven otros tiempos, dramas, sucesos y momentos que no se pueden evitar ni esconder.”5

La relación de Los Tigres del Norte con el fenómeno del narcocorrido es, sin lugar a duda, ambivalente. En ocasiones pareciera haber un afán de parte de ellos por oscurecer el concepto llegando incluso a declarar que el narcocorrido es un término que empezó a usarse alrededor del año 2001. 6 Por otra parte, pasan de defenderlos a decir que lo que ellos cantan no es narcocorrido sino corrido a secas. ¿Qué es, entonces, el corrido y qué es el narcocorrido? Para Los Tigres la diferencia estaría en lo realista de las historias (“Nosotros lo que cantamos es la realidad”) y también en el lenguaje “altisonante”que se usa. “El corrido –  han dicho – lo narramos tal y como están en los hechos, no hacemos cosas ficticias; la mayoría de las otras historias -, es decir, los narcocorridos – son imaginarias, […]  no tienen una base sólida para decírsela al pueblo. Esa es la diferencia.”  Esta última declaración la hicieron en Tijuana al promocionar el CD La Reina del Sue.7Curiosamente, pocas semanas después, el mismo compositor de “La Reina del Sur”, Teodoro Bello,  afirmó precisamente lo contrario, que es el narcocorrido el que relata hechos reales.8

Los precursores: corridos tequileros

La mayoría de los corridos y narcocorridos tienen tanto elementos de ficción como reales. Cuando Los Tigres del Norte dicen que ellos no hacen cosas imaginarias ni ficticias están simplemente faltando a la verdad. Desde el inicio mismo de su carrera han cantado corridos “ficticios”.  Así lo ha corroborado Angel Gonzáles, autor del éxito  que puso al grupo en el mapa musical en 1973.  Me refiero a “Contrabando y traición”, mejor conocido como “Camelia la texana”: “En Los Angeles – dice Gonzáles – yo conocí a una amiga mía que se llama Camelia pero no es de Texas. Y en mi familia hay un Emilio Varela, pero ni se conocen entre sí siquiera […] ninguno de los dos tiene nada que ver con el mundo de las drogas” (Wald 19).  “Contrabando y traición” produjo un buen número de secuelas tales como “Ya encontraron a Camelia”y “El hijo de Camelia” que no sólo son ficticias sino que rayan en lo fantástico al narrar que la mafia gastó fortunas en perseguir a Camelia la texana por haber robado el producto de la venta de la marihuana que cabe en cuatro llantas de auto.  Fantasía pura.  Enrique Franco, quien fuera compositor de cabecera  y director artístico de Los Tigres del Norte durante quince años reflexiona sobre los corridos de narcotráfico de la década de los setenta:

Esas canciones no dicen nada.  Además eran ingenuas fíjate, traían las llantas del carro repletas de marihuana.  ¿Tú sabes lo que le cabe en las llantas del carro de mariguana? No hubieran pagado ni la gasolina.  Pero la canción tenía otra historia, era amor, traición. ¿Sí me entiendes? El narcotráfico era un elemento de la canción pero era una historia de amor. 9

Si bien se puede considerar a Angel González y a Los Tigres del Norte como los padres del renacimiento de esta corriente musical en la segunda mitad del siglo XX, la verdad es que los corridos de narcotráfico han existido desde las primeras décadas del mismo.  Sus antecedentes se remontan a los corridos de contrabando de fines del siglo XIX y principios del XX con corridos como el dedicado a Mariano Reséndez.  Este personaje,  miembro de una acaudalada y respetada familia del noreste mexicano, durante la dictadura de Porfirio Díaz (1876-1911) traficaba con textiles de Estados Unidos a México:

Traigo una pana muy fina,

y un casimir de primera,

y una buena carabina,

éntrale ahora que hay manera

(Ortiz 125).

 

El protagonista de este corrido cae dentro de la categoría del bandido generoso pues, según Francisco Ramos Aguirre, contaba con el apoyo social de comunidades de la región: “Los episodios triunfalistas de Reséndez fueron el principal motivo porque el pueblo lo consideraba un héroe, algo así como un elemento de resistencia civil. Sin duda se trató de un personaje que a salto de mata se opuso a las fuerzas reaccionarias de la época […]” (6).  En noviembre de 1887  Reséndez fue capturado y ajusticiado aparentemente por órdenes del mismo presidente Díaz cerca de las poblaciones de Agualeguas y Cerralvo, Nuevo León (Ramos 7).  Así lo describe el corrido:

Las fuerzas de Tamaulipas

a Nuevo León lo entregaron,

luego que lo recibieron

en el acto lo mataron.

Porque le tenían miedo

que recibiera algún cargo,

lo mataron entre medio

de Agualeguas y Cerralvo

(Ortiz 126).

 

            Otro antecedente de los corridos de narcotráfico se da en la década de los años veinte y principios de los treinta como consecuencia de la iniciativa Volstead, la llamada “ley seca”.  Me refiero a los corridos de contrabando de alcohol, de tequila para ser más puntual.  Algunos ejemplos de estos corridos son  “Los tequileros,” “El contrabando de El Paso,” “El corrido de los Bootleggers,” “El contrabando de San Antonio” y “Nuevo contrabando de San Antonio”.  Estos corridos contienen ya varias de las características que signarán los posteriores corridos de narcotraficantes del último tercio del siglo XX. En ellos encontramos desde una fuerte crítica a las autoridades norteamericanas como en “Los tequileros”:

Si los rinches fueran hombres

y sus caras presentaran

entonce’ a los tequileros

otro gallo nos cantara

(Paredes  101).

 

 Un mensaje que sirve de advertencia como en el “El contrabando de El Paso”: 

El que no lo quiera creer

que lo quiere experimentar

que le entren al contrabando

verán dónde van a dar

(Paredes 104).

 

La justificación del ilícito en la pobreza como en  “El corrido de los Bootleggers”:

Me puse a pensar señores

que trabajo ya no había,

tenía que buscar mi vida

si el señor me concedía

(Sonnichsen 26).

 

Asimismo, encontramos una exhibición de la impunidad que tan sólo castiga al pobre en este mismo “Corrido de los Bootleggers”:

Mientras sigan las cantinas

así seguirá pasando

porque el pobre está en la cárcel

y el rico se anda gozando

(Sonnichsen 26).

 

 

Corridos de narcotráfico

 

Sin embargo, aunque todos los anteriores son corridos de contrabando no son corridos de narcotráfico.  Por mucho tiempo se ha hablado de distintos corridos como las posibles primeras muestras del género. La verdad es que es imposible saber cuándo fue compuesto el primer corrido de este tipo.  Por necesidad nos tenemos que basar en los datos de su grabación para poder fecharlos. Hasta donde he podido investigar  y basado en fechas de grabación, el primer corrido con tema de narcotráfico parece haber sido “Por morfina y cocaína”, grabado en San Antonio, Texas el 9 de agosto de 1934 por Manuel Valdez y Juan González. 10 El corrido, como dice al final del mismo, fue compuesto por Manuel Valdez y en él se narran los sufrimientos de los contrabandistas presos.  Por su importancia cito en extenso:

Por esa línea de tire

se han llevado muy seguido

a miles de prisioneros

que mala suerte han tenido.

 

Que triste silbaba el tren

cuando ya se iba a arrancar

que tristes iban los presos

daban ganas de llorar.

 

Rechinaron las maneas

y  la campana sonó

y entre ruidos de cadenas

un gemido se escuchó.

 

Por morfina y cocaína

por marihuana y licor

están poniendo su tiempo

muchos allá en Leavenworth.

 

Pero el mundo es una bola

y el que lo anda es un bolón

y cada quien con sus uñas

se rasca su comezón.

 

Esos 26 convictos

me dijo un amigo mío

que viven en San Antonio

los demás son de Del Río.

 

Solamente el que ha vivido

algún tiempo en la prisión

sabe lo que son congojas

y penas del corazón.

 

El corrido aquí se acaba

ya no quiero atormentar

cuántos estarán deseando

que termine de cantar.

 

Señores este corrido

no es de mayor interés

es compuesto humildemente

por Manuel Cuellar Valdez. 11

 

Pocos meses después, en octubre de 1934,  el dueto de Gaytán y Cantú grabó “El Contrabandista”.  El corrido,  compuesto por Juan Gaytán, también cuenta los sufrimientos de un traficante que es aprehendido por las autoridades tejanas:

Comencé a vender champán, tequila y vino habanero

pero es que yo no sabía lo que sufre un prisionero.

Muy pronto compré automóvil, propiedad con residencia,

sin saber que en poco tiempo iba a ir a la penitencia.

Por vender la cocaína, la morfina y marihuana,

me llevaron prisionero a las dos de la mañana

(Wald 14).

Tanto en “Por morfina y cocaína” como en “El contrabandista“ se enfatiza la evolución del negocio.  Con el fin de la ley Volstead en 1933 se hace obsoleto el tráfico de licores y los contrabandistas cambian alcohol por las drogas.  En el primer corrido se deja en el último lugar – después de la morfina, cocaína y la marihuana- al alcohol como causante de la estadía en prisión. Por su parte, en “El contrabandista” se dice claramente que si bien comenzó traficando con alcohol fueron las drogas las que ocasionaron su captura. 

“Carga blanca”, un corrido de los años cuarenta, continúa el tono de los antes mencionados.  La composición es de Manuel Valdez, el mismo corridista de “Por morfina y cocaína”.  Al igual que este último y “El contrabandista”,  “Carga blanca” es un lamento por andar en negocios turbios a la vez que una exhortación a dejar los malos pasos:

Despedida se las diera

pero ya se me perdió,

dejen los negocios chuecos,

ya ven lo que sucedió

(Ortiz 183).

 

La originalidad de Carga blanca consiste en que en éste se presenta ya un elemento que se repetirá en decenas de corridos futuros hasta convertirse en un motivo característico: la traición en el contrabando.  Ahora no sólo hay que cuidarse de los representantes de la ley sino de los  mismos colegas.  Don Nicanor, el comprador del polvo del lado norteamericano paga los 2800 pesos pero decide recobrar su inversión:

Dos muertos y tres heridos

la ambulancia levantó

pero el rollo de billetes

de allí desapareció.

 

Ahora, según se dice

ya ven la gente lo que es

que el dinero completito

volvió a su dueño otra vez

(Ortiz 183).

 

            De los corridos anteriores éste es el único que permanece en el tejido popular.  Quizá sea el elemento de la traición lo que hace que este corrido continúe siendo pedido e interpretado por los conjuntos ambulantes en las cantinas y calles de la frontera.  12 “Carga blanca” ha sido grabado en numerosas ocasiones a través de los años por artistas de la talla de Los Alegres de Terán, Los Doneños, Los Montañeses del Alamo, Lorenzo de Monteclaro y los mismos Tigres del Norte.  Hasta donde sé, la grabación más reciente es la del acordeonista tejano Santiago Jiménez Jr. del año 2000.

 

“Camelia la texana”: el renacimiento del género

            Hay un vacío en el corpus de corridos de narcotráfico en las décadas de los cincuenta y sesenta.  Lo anterior no significa necesariamente que no se hayan compuesto o grabado corridos con esta temática pero sí sugiere que no pervivieron en la memoria colectiva.  Es posible que este vacío tenga que ver con el llamado “milagro” económico mexicano que tomaría lugar precisamente en esas décadas. Así como las crisis económicas de los ochenta y noventa convirtieron en héroes a muchos narcotraficantes, es factible que la relativa estabilidad social y económica del medio siglo tuviera un efecto contrario. Lo que sí es una realidad es que el resurgimiento de este tipo de corridos es simultáneo al resquebrajamiento del tejido social, político y económico mexicano que inicia a finales de los sesenta y que continúa en las siguientes décadas.

            De cualquier manera, para mediados de los años setenta encontramos ya una proliferación de corridos de narcotráfico. Si bien en 1972, en su segundo álbum,  Los Tigres del Norte grabaron “Carga blanca” no fue sino hasta la siguiente producción, la de “Contrabando y traición”, que alcanzaron el primer éxito rotundo del género en muchos años. A éste le siguieron “La Banda del carro rojo,”  “Margarita la de Tijuana,” “El regio traficante,” “La Camioneta gris” y muchos otros corridos en las voces de Los Tigres, Los Huracanes del Norte, Los Cadetes de Linares y otros tanto de la escuela del Pacífico como de la del Noreste con sus característicos virtuosos del acordeón.

Uno de los primeros investigadores en estudiar seriamente el fenómeno del tráfico de drogas en el corrido fue María Herrera-Sobek.  En su artículo de 1979 “The Theme of Drug Smuggling in the Mexican Corrido” sostenía que había un juicio moral condenatorio al narcotráfico: “a strong moral stance taken by the corridista and by extension the community against smuggling, particularly against drug trafficking” (53).   Herrera-Sobek trabajó en este ensayo con corridos de narcotráfico que fueron en su mayoría compuestos y grabados a mediados de los setenta. El corpus que estudió (y en general el corpus existente en esos años) apoyaba su tesis. Al mediar la década de los noventa me pareció que ya no era así, que el corpus del corrido de narcotráfico ya no sostenía su hipótesis, que el juicio moral condenatorio era cada vez más difícil de encontrar. 13

Hay en el ensayo de Herrera-Sobek un esfuerzo por corregir lo que ella llama una creencia generalizada: “The popular belief held by some social scientists in America that Mexican society in general condones drug use and drug smuggling” (54).  Desgraciadamente, el tráfico de drogas sí es visto en ocasiones como una actividad casi patriótica.  Contrario a lo que pudiera pensarse, la visión  anterior se da no sólo por parte de los practicantes del ilícito  – aunque es obvio que es a ellos a quienes más  les conviene estimular esta propuesta. “Con la excepción de PEMEX, yo creo que durante un tiempo yo fui el que metió más divisas al país,” comentó en alguna ocasión un poderoso capo de los ochentas.  14 Por otra parte, hay varios corridos donde se presenta claramente esta idea. Uno de los más evidentes desde el título mismo es “Las divisas” de Los Huracanes del Norte: 15

Este [el narcotráfico] genera divisas

en dólares pa’ la deuda

si me dejaran sembrar

en término de dos años

la deuda podría pagar.

Resulta evidente que se exagera el beneficio económico de estas divisas pero lo que también es indiscutible es que la idea del narcotráfico como algo no del todo negativo está presente en el imaginario popular. 16

Aquí debemos incluir el tema de las llamadas narcolimosnas. Este fenómeno, que recientemente fuera objeto de tanta controversia en México gracias al filme El crimen del Padre Amaro (2002), ha estado presente en los medios de comunicación al menos desde los inicios de la década pasada. 17 Polémicas e iluminadoras resultaron  las declaraciones de un importante miembro de la iglesia católica que calificó de “generosos donadores” a conocidos capos del narcotráfico. 18  Lo que argumentaba era en el sentido de que no era moralmente reprobable que dinero procedente del narcotráfico fuera usado para realizar obras sociales y de caridad.  Lo anterior no es especulación, una parte del dinero del narcotráfico va a dar a obras sociales y no tan sólo a las relacionadas con la iglesia. Es hasta cierto punto lógico, a los capos les interesa cobijarse con la noción del bandido generoso, del bandido social que está fuera de la ley pero que ayuda a los pobres.  19

No se trata de decir que la mayoría de los mexicanos condonan el narcotráfico pero sí que en cierta medida ha pasado a ser visto como una actividad casi natural, de ahí la expresión y el desarrollo de la llamada narcocultura. Hace algunos años vio la luz una serie de reportajes en La Jornada, uno de los periódicos más importantes de México, donde se da cuenta de este fenómeno.  La siguiente cita, proveniente de uno de estos reportajes, ayuda a ilustrar que el narcotráfico y sus practicantes no son para algunos, motivos de vergüenza sino lo contrario: “Los habitantes de la zona nombran orgullosos a los capos surgidos de la región. El Güero Palma es de La Noria, ‘aquí nomás a 10 kilómetros’. Rafael Caro Quintero es de otro poblado vecino: Santiago de los Caballeros. Su tío, Ernesto Fonseca, Don Neto, también es de ahí. El quién es quién del narco es de la zona.” 20 

Pero también los intelectuales perciben este orgullo. Jorge Verdugo, investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa, señala: “pese a que el narcotráfico es una actividad negativa desde cualquier punto de vista, ha hecho que la gente se identifique e incluso lo perciba con admiración, independientemente de las clases sociales”. Por su parte, Leónides Alfaro, autor de la narconovela Tierra Blanca, coincide en que ser narco ha dejado de ser un estigma para convertirse en un orgullo: “Se les abren todas las puertas. Llegan a cualquier lugar y se les atiende con deferencia porque saben de su alto poder de consumo. Han creado la imagen de un ser poderoso. Aun los que no lo son quieren parecerlo.” 21  Finalmente, Arturo Santamaría Gómez , en “Narco limosnas y narco bendiciones”, hace una serie de observaciones sobre esta actividad y su legitimación en Sinaloa:

En Sinaloa, más que en ningún otro lugar de México, los narcos han sido capaces de lograr una ancha legitimación cultural y social. Los sinaloenses son los prototipos de los narcotraficantes mexicanos. […] Si no hubiesen tenido un amplio respaldo social, cultural, político, financiero e incluso militar; es decir, los recursos de todo un Estado paralelo, no se hubiesen convertido en emporios globales con ingresos por cártel de hasta diez mil millones de dólares anuales como se calcula que recibía “El señor de los cielos” (o sea, Amado Carrillo).  Que nadie se asuste, pero estos enormes alcances le producen a miles de sinaloenses gran orgullo; muestra incontestable de la legitimidad que han forjado los narcos.  22

 

Caro Quintero: “Por matar un policía / del gobierno americano”

El ensayo de Herrera-Sobek se produjo en un tiempo y circunstancias en que era posible estimar  con un grado de certeza el mensaje detrás de los corridos de narcotráfico.  En las décadas siguientes ya no resultaba tan fácil generalizar; en algunos corridos había un juicio condenatorio al narcotráfico pero en otros, la mayoría, este juicio no sólo no existía sino que comenzó a hacerse cada vez más presente un protagonista del corrido que además  de traficante era consumidor de la droga.

Hay varias etapas en esta resignificación del corrido de narcotráfico y narcotraficantes.  Sin embargo, considero  que el detonante se dio a raíz del caso de Rafael Caro Quintero. Este traficante de estupefacientes, acusado y preso por el asesinato de Enrique Camarena, un agente encubierto de la DEA la Agencia Antidrogas Estadounidense, se convirtió en un verdadero héroe a mediados de los años ochentas. Hay varios aspectos que pueden ayudar a explicar la identificación del pueblo con Caro Quintero.  Lo primero es que estamos hablando de alguien que siendo muy pobre llegó a ser multimillonario.  Otros aspectos importantes son su relación con una joven perteneciente a una de las más distinguidas familias tapatías y su mítica generosidad.  Pero sobre todo,  en esta historia hay un elemento cardinal en el corrido fronterizo: el enfrentamiento del héroe con las autoridades norteamericanas. Al desafiar a los Estados Unidos, Caro Quintero reivindica los atropellos y vejaciones que muchos mexicanos han sufrido a manos de autoridades norteamericanas.  Estas características han signado numerosos corridos a lo largo de los años,  las encontramos ya en uno de los primeros protagonistas del corrido mexicano.  A mediados del siglo XIX, Joaquín Murrieta fue héroe por enfrentarse a los ricos y  favorecer a los pobres pero especialmente  por  enfrentar a los americanos:

Por cantinas me metí,

castigando americanos,

Tú serás el capitán

que mataste a mi hermano.

Lo agarraste indefenso,

orgulloso americano

(Hernández-Gutiérrez 201).

 

Estos mismos elementos están presentes en muchos de los corridos dedicados a Caro Quintero.  Todo lo que debe hacer el público del corrido es imaginar la transición de bandido generoso a narcotraficante generoso. Veamos el caso de uno de los más exitosos corridos dedicados al  capo de Sinaloa, el compuesto por Reynaldo Martínez e interpretado por Los Invasores de Nuevo León:

En San José, Costa Rica

lo tomaron prisionero.

Ya se extendió la noticia

por todito el mundo entero.

Así el corrido comienza

del señor Caro Quintero.

 

Diez agentes federales

le formaron la custodia

por ser un gallo muy fino

nacido allá en Sinaloa.

De esos no nacen a diario

y el que nace no se logra.

 

Por matar un policía

del gobierno americano,

robarse una tapatía

hoy se encuentra procesado.

El león es rey de las fieras

aunque se encuentre enjaulado.

 

Dicen que quieren juzgarlo

los gringos allá en sus lares.

Nada más para llevarlo

las manos van a sudarles.

Se me hace que van a hacerle

lo que el aire le hizo a Juárez.

 

Rafael Caro Quintero

ya esta en su patria otra vez.

Si creen que ya lo ha medido

de la cabeza a los pies

pa’ que lo quieren los gringos

si éste no canta en inglés.

 

La fiera ya está enjaulada

pero se oyen los rugidos.

Allá por la madrugada

sus deseos serán cumplidos.

Echese a huir la manada

si es que quieren quedar vivos. 23

 

            El corrido inicia narrando cómo fue tomado prisionero en Costa Rica cuando trataba de evadir

a la justicia mexicana. El final del primer sexteto nos da un adelanto del concepto en que el corridista

tiene al capo sinaloense, el “señor Caro Quintero.” El tercer sexteto nos informa las razones por las que se

encuentra procesado: por el asesinato del agente norteamericano y por el robo de la tapatía.  En los versos

finales no se le regatea su estatus de “rey de las fieras.”  El cuarto sexteto introduce el elemento

nacionalista antiamericano. De acuerdo a la lógica del corrido Caro Quintero es un héroe al enfrentarse a

los “gringos”,  lo confirma en el mismo tono patriotero, “las manos van a sudarles.” Luego, se corrobora

que no es un delator y menos para el gobierno americano, es decir, que él “no canta en inglés.”  Al final

del corrido, y como se ha vuelto costumbre en estos cantos sobre capos encarcelados, se nos hace saber

que no está acabado, que aun preso tiene poder, que desde dentro “sus deseos serán cumplidos.”

            Hay otro aspecto de la leyenda de Caro Quintero que no se menciona  en este corrido.  Según el imaginario sinaloense el capo habría sido delatado por la Contra nicaragüense como una venganza por haber ayudado al movimiento sandinista. Esta versión ayudaría a cimentar el mito de un Caro Quintero con una visión social antiimperialista que se enfrentó a los Estados Unidos en varios frentes y geografías. 24

 

El narcocorrido: “Me gusta ponerle al polvo”

 En las promociones recientes es cada vez más habitual encontrar corridistas que no sólo condonan el contrabando de drogas sino que presentan protagonistas que son consumidores. Es en ese espacio entre los corridos que estudió Herrera-Sobek a finales de los setentas y los corridos de hoy en día que se da la evolución del corrido de narcotráfico al narcocorrido. Esta evolución conlleva un desplazamiento del individuo protagonista de una aventura como centro del corrido al medio ambiente festivo que rodea el tráfico de estupefacientes.

El narcocorrido ya no trata tanto de valientes enfrentamientos entre traficantes y autoridades sino de celebraciones cargadas de drogas, ostentación y excesos.  Es decir, el corrido de narcotráfico se va convirtiendo en narcocorrido en la medida en que la temática pasa de ser el narcotráfico, sus peligros y aventuras para convertirse en un corrido que enfatiza la vida suntuosa y placentera del narcotraficante. Veamos cómo se manifiesta este fenómeno en algunos corridos de populares grupos:

“La tumba”25

No  soy “Gabino Barrera”

ni tampoco “El mil amores”

pero me sobran mujeres

pa’ gozar de los placeres.

 

“El jefe X” 26

No sufre por las mujeres

la que le gusta se lleva

nomás retumba la banda

es que ya trae otra nueva.

 

“La piñata” 27

Cuando cayó la piñata

se hizo una bola de gente

parecían niños de kinder

peleando por su juguete

sabían bien que las bolsitas

venían cargadas de ambiente.

 

“La fiesta de los perrones” 28

El acordeón y la tuba

es el sabor de la fiesta

al rojo vivo se pone

el más dormido despierta

con pisto de todas clases

y el aliviane en la mesa.

 

Los compadres” 29

A donde quiera que llegan

ellos son bien recibidos

la mesa siempre está llena

igualmente sus bolsillos

por abajo de la mesa

se saludan muy seguido.

 

Los títulos de estos corridos y de los que añado a continuación no dejan lugar a duda sobre la exaltación del uso de drogas: “Entre perico y perico,” “El puño de polvo,” “Me gusta ponerle al polvo,” “Los cocodrilos,” “Líneas de a metro,” “El nariz de a gramo” etc. 

Es en este contexto de excesos y desproporciones  que se da la más reciente prohibición en las radiodifusoras de diversos estados mexicanos.  Pero, ¿qué tanto afecta a los narcocorridos esta censura?  A pesar de la importancia de la radio siempre he pensado que los narcocorridos no necesitan de ésta en la medida en que lo hacen otros géneros musicales. Me atrevería a  decir que esta prohibición incluso de alguna manera lo beneficia: lo prohibido vende. Hay varios paradigmas de lo anterior.  El primero,  en la campaña iniciada por el gobernador de Sinaloa en marzo de 1987 exhortó a la industria radiofónica a suprimir la exaltación de la violencia. La campaña fracasó de manera rotunda pues, como ha dicho Luis Astorga se prohibió la difusión pero no la comercialización: 

Los corridos de traficantes eran uno de los motivos de preocupación. Ni entonces ni en la actualidad los discos y casetes han desaparecido de las discotecas, supermercados, tianguis y puesto ambulantes, ni han dejado de encontrar compradores. La prohibición fue para la difusión no para la comercialización. Los mecanismos de vigilancia no parecen haber sido muy estrictos, suponiendo que hayan existido, pues en el canal de TV de Culiacán se anunciaba (diciembre de 1990) un negocio de venta de camionetas, ubicado en la colonia Tierra Blanca, con el fondo musical del corrido “La camioneta gris.” (42) 30 

 

El otro ejemplo es uno de los discos más exitosos de Los Tigres del Norte en los años en que su productor era  Enrique Franco. Me refiero a la colección de Corridos prohibidos que tanta polémica despertara en su momento. 31 Conversando con Franco se hace patente lo que la lógica ya dictaba: los corridos no eran prohibidos porque podían comprarse y muchísima gente así lo hizo. 32 La estrategia de mercadeo de esta producción incluyó una portada con un recorte de periódico con la foto de los miembros del grupo alineados como sospechosos para ser identificados. Al pie de la foto se alcanza a leer lo siguiente: “Los famosos corridos de Los Tigres del Norte fueron prohibidos porque…”  Ahí termina, nunca se sabe el por qué de esta supuesta prohibición pero de cualquier modo el CD ha sido uno de los mayores éxitos en la historia de Los Tigres con corridos como “El Gato Félix,” “La camioneta gris,” “El corrido” y “La mafia muere.”

 

Chalino Sánchez

Otro hito en la historia del corrido que trata de drogas es el fenómeno de Chalino Sánchez. Con este artista se confirma lo que ya venía resultando aparente desde hacía varios años, que el locus de enunciación del corrido norteño se había desplazado al norte del norte, es decir, a las comunidades mexicanas en Estados Unidos, especial –pero no exclusivamente- al suroeste de la Unión Americana. Rosalino Sánchez Félix nació en 1960 en el estado de Sinaloa.  Sobre su vida es difícil separar la leyenda de lo verídico. Se dice que una noche, en una fiesta de su pueblo,  se encontró a un individuo que había violado a una de sus hermanas y le disparó, matándolo.  33 Escondiéndose de la justicia llegó a vivir a Los Angeles, California. Ahí combinó trabajos legales con el tráfico de drogas e indocumentados, ilícitos que realizaba con su hermano Armando.

En 1984 compuso su primer corrido, dedicado precisamente a su hermano Armando quien para entonces había sido asesinado en Tijuana.  Poco después Chalino empezó a componer corridos sobre pedido.  Estas canciones las grababa en casetes que vendía a sus clientes.  Gradualmente, sus producciones fueron haciéndose más profesionales. Un episodio que incrementó  su popularidad fue el incidente de Coachella, California en que un individuo en estado de ebriedad le disparó.  Chalino, a su vez, sacó su pistola y repelió el ataque. En el tiroteo hubo varios heridos -el propio Chalino, uno de sus músicos así como el agresor- incluyendo un joven muerto. El  suceso acrecentó la fama de Sánchez. Para sus seguidores él no solamente escribía de la vida peligrosa sino que la vivía. Lo suyo no era pose sino una realidad.  Independientemente de lo acostumbrado que haya estado a la violencia el episodio lo marcó. Sam Quinones lo describe así:

In the months that followed, he did two strange things.  To his friends, he gave away his             prized gun collection.  And to Musart, he sold the rights to his music.  Chalino had always been very wary of business dealings with people he didn’t know. But after the      Coachella shooting, something changed.  He spoke of letting a company promote him       and concentrating on his nightclub act, which was netting him ten thousand and fifteen     thousand dollars a weekend.  Every corrido he wrote was getting him two thousand   dollars on up.  (21)

 

Unos cuantos meses después se comprobó que sus preocupaciones no eran en vano.  El 16 de mayo de 1992 Sánchez fue asesinado a la edad de 31 años, en Culiacán, Sinaloa.  Después de una exitosa presentación en el Salón Buganvilias unos sujetos a bordo de camionetas tipo Suburban le cerraron el paso a su vehículo. Los hombres se identificaron como policías exigiéndole que los acompañara.  Chalino pidió que dejaran ir a sus acompañantes y accedió a irse con los supuestos policias. A las pocas horas unos campesinos encontraron su cadáver con dos disparos en la cabeza.

Si bien algunos lo identifican falsamente como el fundador del narcocorrido o incluso como el pionero en la composición de corridos por encargo, la verdad es que Chalino Sánchez llevó los narcocorridos a una juventud que antes había considerado la música norteña como algo ajeno a su experiencia, como algo de sus padres.  34 Su música – y sobre todo sus letras- resonaron en una generación de jóvenes de origen mexicano que hasta entonces se sentían más identificados con la música en inglés. Aun hoy en día, más de diez años después de su muerte, es prácticamente imposible sintonizar una estación radiofónica del género sin escuchar o bien la voz de Sánchez o la de alguno de sus decenas de imitadores.  La revitalización del corrido con temática de drogas sin duda alguna le debe mucho a la figura trágica de Sánchez.

 

“Más que hamburguesas en el McDonald’s”: underground y globalización

En una época en que lo “underground” es sinónimo de verdadero, real, no cooptado ni comprometido con el sistema, en fin, contestatario, no sorprende que al conversar con los dueños de discotecas estos afirmen que los que más compran los narcocorridos son los jóvenes. Y así como es común ver a los muchachos en sus autos escuchando el CD de norteña que está de moda en la radio también lo es el fenómeno contrario, es decir, que presuman que el corrido que traen en el estereo nunca se oirá en la radio porque es “muy perrón.”

La idea no es tan descabellada como a primera vista pudiera pensarse: al momento de redactar este ensayo (marzo de 2003), en la televisión hispana de los Estados Unidos se promociona un CD titulado “Las que no se escuchan en la radio volumen dos.” Es evidente que la casa disquera (Líderes) obtuvo el suficiente éxito con un primer volumen para atreverse a sacar el segundo. La estrategia de mercado, precisamente que no se les programe en la radio, al parecer funciona. Este anuncio comercial es interesante entre otras razones porque al promocionar los corridos tiene que censurar incluso muchos de los títulos llegando al punto de vender una serie de “bips” o mejor dicho la promesa detrás de esos “bips”, es decir, lo censurable.

Y es que ser parte de lo underground (aunque este underground tenga ventas multimillonarias) proporciona la sensación de pertenecer a una cofradía, de tener acceso a lo que a muchos es vedado. Es la noción del iniciado, del de dentro, del “insider”que guiña un ojo al escuchar un corrido dando a entender que cuando hablan de un michoacano con una trocona del año sabe perfectamente a quién se refieren.  35 En este sentido, con frecuencia se menciona que los narcocorridos contienen claves secretas, claves que tan sólo los iniciados conocen y que en realidad tienen que ver más con un lenguaje coloquial que con uno verdaderamente secreto.

El narcocorrido que más se usa como ejemplo de la necesidad de comprender las famosas claves es “Mis tres animales”, el gran éxito de mediados de los años noventa de los Tucanes de Tijuana:

Vivo de tres animales
que quiero como a mi vida.
Con ellos gano dinero
y ni les compro comida.
Son animales muy finos,
mi perico, mi gallo y mi chiva.

En California y Nevada,
en Texas y en Arizona,
y también allá en Chicago,
tengo unas cuantas personas
que venden mis animales,
más que hamburguesas en el McDonald’s.

Aprendí a vivir la vida
hasta que tuve dinero.
Y no niego que fui pobre,
tampoco que fui burrero.
Ahora soy un gran señor,
mis mascotas codician los güeros

Traigo cerquita la muerte
pero no me sé rajar.
Sé que me busca el gobierno,
hasta debajo del mar.
Pero para todo hay maña,
mi escondite no han podido hallar.

El dinero en abundancia,
también es muy peligroso.
Por eso yo me lo gasto
con mis amigos gustoso.
Y las mujeres la neta,
ven dinero y se les caen los ojos.

Dicen que mis animales
van a acabar con la gente.
Pero no es obligación,
que se les pongan en frente.
Mis animales son bravos,
si no saben torear pues no le entren.  36

 ¿Es útil saber que los tres animales, el perico, el gallo y la chiva son, en el argot norteño y del suroeste de los Estados Unidos la cocaína, la marihuana y la heroína respectivamente? Por supuesto que sí, pero no es necesario saberlo para deducir que el compositor está hablando de drogas. Cualquier persona del norte de México o del suroeste de la Unión Americana con un gusto por la cultura popular –es decir un buen porcentaje del publicó del corrido- sabe de qué está hablando.

¿Qué tanto perjudica entonces la prohibición en las radiodifusoras mexicanas? Para una enorme cantidad de consumidores de narcocorridos no mucho. Me refiero a aquellos que gustan del género y que viven en la frontera de lado mexicano (que son un gran número porque el corrido que trata de narcotráfico y narcotraficantes es, después de todo, intrínsecamente música fronteriza).  No significa mucho porque siempre habrá alguna estación de música mexicana en Estados Unidos que los toque y cuya señal llegue al lado mexicano.  La legislación de un sólo país nunca va a poder poner un alto a un fenómeno que es fundamentalmente binacional.

El hecho de que la música norteña y el corrido en particular sean también un fenómeno estadounidense se hace patente cuando recordamos que muchos de sus principales exponentes radican en los Estados Unidos y trabajan allí mismo la mayor parte del año. Para muestra bastan tres botones: Los Tigres del Norte, Ramón Ayala y Los Huracanes del Norte.  Hay muchos otros intérpretes de éxito que han vivido prácticamente toda su vida en los Estados Unidos.  Algunos ejemplos son Las Voces del Rancho, El As de la Sierra, y los hijos de don Pedro Rivera: Lupillo, Jenny, Gustavo  y Juan Rivera, todos ellos influidos por el fenómeno de Chalino Sánchez que también se dio primero en el sur de California y desde ahí se proyectó a México. De hecho, muchos de los intérpretes de corrido que radican en México tienen una agenda de trabajo que los mantiene en los Estados Unidos una buena parte del año.

 

El  Narquillo: antes y después de Sony

El dilema para muchos intérpretes es, entonces,  tocar o no tocar los narcocorridos.  La defensa de algunos es que estos sólo muestran lo que ya existe, en otras palabras, que son consecuencia y no causa del narcotráfico. De cualquier modo, es evidente que grupos y solistas tanto establecidos como aquellos en vías de solidificar sus carreras se han visto afectados en su imagen y han decidido tomar distancia del fenómeno.

               Un caso paradigmático de lo anterior es el de Edgar Aguilar, un joven cantante del área de Los Angeles, California. Edgar comenzó su carrera en la segunda mitad de los años noventa.  Desde sus inicios su identificación con el submundo del narcotráfico fue tal que su nombre artístico era “El Narquillo”. Mientras trabajó localmente en el sur de California su apodo y su imagen no sólo no lo perjudicaron sino que contribuyeron a incrementar su fama. Sin embargo, todo esto cambió cuando una compañía discográfica importante lo contrató. Desde el mismo título de la primera producción bajo el sello Sony  (Ya estoy aquí) anunciaba sin gran disimulo su arribo a las grandes ligas de la música comercial, de la disponibilidad masiva.  Empero, las audiencias más allá del sur de California no estuvieron ahí para comprar su disco. El artista aceptó que su apodo le había afectado en su carrera:                  

La gente no me acepta por el nombre. No creo que sea una influencia negativa, pero las radios no me quieren tocar porque me asocian con los narcocorridos y todas esas tonterías’, dijo. ‘Es música, simplemente, no se tiene que llevar a otros extremos. La música en inglés es peor. Hablan de marihuana, de cocaína, de viejas, de sexo y de todo eso. Esta música es sólo para entretener. 37

 

            La consecuencia es hasta cierto punto lógica: “El Narquillo” dejó ese nombre artístico para quedarse solamente como Edgar Aguilar. En su afán por ser más comercial (“Quiero que las radios se fijen en mí” 38 – dijo en entrevista) cambió su imagen y lo intentó de nuevo con una segunda producción para Sony titulada precisamente “Vuelve”.  Pero el que vuelve no es “El Narquillo” sino su versión más enfocada hacia lo comercial, un Edgar Aguilar que ante lo obvio trata de racionalizar la nueva dirección de su carrera artística ahora en manos de los “expertos” de la casa disquera: “Eso no me quita de ser artista original, de ser yo. Si veo que sus ideas son wacked [locas], no les hago caso. Pero si creo que tienen razón, entonces estoy de acuerdo. Pero si me dan una canción que no me gusta, no la grabo, porque para cantarla tengo que sentirla.” 39

 

Seguir cantando corridos

            Los grupos norteños más consolidados no dependen tanto de los narcocorridos. Muchos de los grandes éxitos de Los Tucanes son cumbias.  Los Tigres del Norte han hecho éxitos de corridos políticos, de emigrantes así como de canciones  de amor  y desamor.  Existe la percepción de que los corridos presentan una manera de lograr el reconocimiento y la fama pero que después de alcanzada ésta ya no es necesario seguir interpretándolos. Esta noción se pone de manifiesto en la pregunta que le hiciera el  reportero Trinidad Ramírez  del semanario tijuanense Zeta a Jorge Hernández, el líder de Los Tigres del Norte: ¿por qué seguir cantando corridos cuando ya alcanzaron el éxito?   La respuesta deja en evidencia que Los Tigres del Norte no pueden alejarse completamente del corrido: “Porque si el público nos percibe de esa manera, no hay que dejar de hacer lo que hacemos, por eso estamos aquí. Si cambiáramos, ya no les gustaríamos igual; ese es uno de los grandes secretos de Los Tigres del Norte, que seguimos conservándonos con nuestra canciones.” 40      

            Pero lo que también es innegable es que los grupos norteños verdaderamente consagrados no enarbolan el narcocorrido en su variante más cruda. El mismo Hernández -en la misma entrevista-  trata de marcar territorio y distancias: “Hay que saber distinguir el corrido del narco-corrido que hacen otros compañeros; hemos hecho miles de historias y nunca hemos utilizado un lenguaje que no sea el correcto. Ahora, en la nueva versión, a nosotros nos tiene un poco sorprendidos porque realmente nuestras historias y nuestro lenguaje son muy diferentes.” 41

            Hay que reconocer que lo que afirma sobre el lenguaje sí es verdad pues las canciones de Los Tigres no contienen groserías.  Con respecto a lo diferente de las historias, eso sí es más debatible.  Los Tigres del Norte tienen que hacer un verdadero acto de malabarismo entre el corrido duro y uno más insulso para seguir en el gusto del público.  Sin lugar a dudas cuentan con los servicios de excelentes compositores capaces de escribir corridos interesantes sin llegar a ser soeces.  Los Tigres tienen además una relación especial con el público, una relación que les dota de una credibilidad de la que las otras bandas no gozan y que les permite interpretar canciones que en otros grupos quizá no serían aceptadas. 

            Es difícil vaticinar el futuro del llamado narcocorrido. Los grupos de norteño se cuentan ahora por los cientos y siguen proliferando.  42 Por otra parte, no se ve cercana una erradicación del narcotráfico. La demanda continúa existiendo y los carteles que son desmantelados son sustituidos de inmediato.  La cultura del narco continúa presente y mientras sea así se cantarán sus corridos.  Son sin embargo  los grupos más jóvenes, en busca de reconocimiento, quienes van a continuar produciendo los corridos más censurables y atrevidos y conforme vayan obteniendo ese reconocimiento y fama también irán moderando su discurso. 

 

Notas

[1] Lo mismo sucedió en otros estados como Chihuahua donde en enero de 2002 un decreto del Congreso prohibió la difusión de narcocorridos en las estaciones de radio del estado.

[2] “Propondrán a radiodifusoras michoacanas vetar los narcocorridos”. En La Jornada del 15 de diciembre de 2002. (http://www.jornada.unam.mx/2002/dic02/021215/23an2esp.php?origen=espectaculos.html)

 3 Ibid.

[4] ‘Tigres del Norte: en varios estados no quieren que toquemos temas fuertes”. En La Jornada del 11 de enero  de 2001. (http://www.jornada.unam.mx/1999/ene99/990111/esp-tigres.html)

[5] “Los Tigres del Norte defienden el contenido de sus canciones en España.” (WWWterra.com/ocio/articulo/html/oci34579.htm)

[6] “El narcocorrido: Tradición sin tiempo ni frontera.” En Somos (número especial dedicado a Los Tigres del Norte) 13.228 (febrero 2003): 72-79.

[7]  “Los Tigres del Norte defienden sus historias.” En Zeta 1496, del 29 de noviembre al 5 de diciembre del 2002.

[8] “Perduran los narcocorridos, pues la gente los busca: Teodoro Bello.” En La Jornada del 3 de enero de 2003. (http://www.jornada.unam.mx/2003/ene03/030118/06an1esp.php?origen=espectaculos.html)

[9] “¿Todavía es el corrido la voz de nuestra gente?: Una entrevista con Enrique Franco.” Entrevista del autor con Enrique Franco.  19 de septiembre del 2000. (Inédita)

10 Spottswood, Richard K. Ethnic Music on Records: A Discography of Ethnic Recordings Produced in the United States, 1893 to 1942.  Urbana: University of Illinois Press.  1990.

11Agradezco a Guillermo Hernández el haberme ayudado a encontrar esta grabación.

[12] Lo anterior me ha sido confirmado tanto por Armando Hugo Ortiz como por Guillermo Berrones, dos reconocidos investigadores del corrido del noreste mexicano.

[13] “El corrido de narcotráfico en los años ochenta y noventa: un juicio moral suspendido”.  The Bilingual Review/ La Revista Bilingüe.  XXIII.2 (May-August 1998): 145-156.

[14] Citado en Carlos Monsiváis, “El narcotráfico y sus legiones.”  En Noroeste del 13 de abril de 2003 (http://www.noroeste.com.mx/Culiacan/20030413/nacional/CarlosMonsi.php3)

[15] Los Huracanes del Norte,  Corridos pesados, Musivisa, 1996.

[16] Y no es sólo en México donde el narcotráfico ha sido propuesto como el remedio para saldar la deuda externa.  Años antes, los barones de la droga en Colombia habían hecho una propuesta similar a su gobierno.

 17 La película del director Carlos Carrera presenta un sacerdote que acepta narcolimosnas del “Chato”, el narcotraficante local, con las cuales está construyendo un moderno y funcional hospital para la comunidad.

 

 [18] “Narco limosnas y narco bendiciones”.  En Selecciones de el Tribuno del Pueblo.   (http://www.lrna.org/league/TP/!TP.97.12/9712.arturo.sp.html)

19 ver Odín Walkinshaw, “Narco-limosnas en Sinaloa: Evidente financiación del narcotráfico a obras sociales”, El Sol del Pacífico,  19 de abril de 1996.

 [20] “Sinaloa: El ‘orgullo’ de ser narco.” En La Jornada del 4 de enero de 1998. (http://www.jornada.unam.mx/1998/ene98/980104/narco.html)

21 Narcos en Sinaloa: miedo, complicidad, admiración; todo se sabe, nadie habla.” En La Jornada del 3 de enero de 1998. (http://www.jornada.unam.mx/1998/ene98/980103/narcos.html). 

 22 Ver Arturo Santamaría Gómez. “Narco limosnas y narco bendiciones.” Selecciones de el Tribuno del Pueblo.  (http://www.lrna.org/league/TP/!TP.97.12/9712.arturo.sp.html 

23 Los Huracanes del Norte, Contra viento y marea, Musivisa, 2001.

 24 Citado en Roberto Pliego. “Estampas sobre la Tierra Blanca”. En Nexos. http://www.nexos.com.mx/internos/foros/drogas/roberto_pliego.asp

[25] Exterminador, Narcocorridos 2, Fonovisa, 1997.

[26] Tucanes de Tijuana, 14 tucanazos bien pesados, EMI, 1995.

[27] Tucanes de Tijuana, Tucanes de plata, EMI, 1997.

[28] Exterminador, Narcocorridos 2, Fonovisa, 1997.

[29] Tucanes de Tijuana, 14 tucanazos bien pesados, EMI, 1995.

[30] Además, según él esa “censura parcial bloquea espacios radiofónicos y televisivos para la difusión de esos corridos y aun así son ampliamente conocidos. Responden a necesidades sociales que van desde la simple curiosidad hasta la identificación completa.” (142)

[31] Aclaro que en esta producción no todos los corridos son narcocorridos.

[32] “Entrevista del autor con Enrique Franco.” 19 de septiembre del 2000. (Inédita)

[33] Hay que resaltar la similitud del nacimiento a la leyenda de este personaje con la de Pancho Villa quien supuestamente  también mató al violador de una hermana. Aquí no terminan las coincidencias pues Sánchez y Villa son los personajes en cuyo honor se han compuesto más corridos.  Más de cien para Sánchez de acuerdo a Sam Quinones en True Tales from Another Mexico (Albuquerque: University of New México Press, 2001).

 34  La práctica de componer corridos por encargo es mucho más antigua. En la misma revolución mexicana algunos generales (como por ejemplo Inés Chávez García en Michoacán)  traían sus corridistas de cabecera.

 [35] Respecto “al saludo”, otro aspecto de este mecanismo de inclusión y exclusión, Helena Simonett ha comentado lo siguiente: “El saludo es una refinada herramienta que emplea el compositor para hacer que la audiencia crea que es parte del exclusivo círculo de amigos del narrador. Por lo tanto, el corrido se dirige directamente a nosotros, invitándonos a simpatizar, si no es que a identificarnos, con el señor o capo de las drogas cuya generosidad nos abraza a todos.”  En “La cultura popular y la narcocultura: Los nuevos patrones de una música regional mexicana.”  Actas del IV Congreso Latinoamericano de la Asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular.  (www.hist.puc.cl/historia/iaspm/mexico/indice.html)

36 Tucanes de Tijuana, 14 tucanazos bien pesados, EMI, 1995.

[37] “Edgar Aguilar deja atrás a El Narquillo.”  En La Opinión.

(http://www.laopinion.com/espectaculos/?rkey=00030207154820290305 )

38 Ibid.

39 Ibid.

40Ver Trinidad Ramírez.  “Los tigres del Norte defienden sus historias.”  En  Zeta  1496, del 29 de noviembre al 5 de diciembre del 2002.

41  Ibid.

42 Klaas Wellinga, en su artículo “Cantando a los traficantes.” Enfatiza la imposibilidad de definir una sola dirección del narcocorrido debido a lo abundante del corpus.

 Obras citadas

Alfaro, Leónides.  Tierra Blanca.  Culiacán: Editorial Fantasma, 1997.

Astorga, Luis: Mitología del traficante en México.  México: UNAM / Plaza y Valdés, 1995.

Flores y Escalante, Jesús. “El narcocorrido: Tradición sin tiempo ni frontera.” Somos. (Número

especial dedicado a Los Tigres del Norte).  13.228 (febrero 2003): 72-79.

Hernández-Gutiérrez,  Manuel de Jesús y David William Foster (Eds). Literatura chicana 1965- 1995. New York: Garland Publishing, 1997.

Herrera-Sobek, María.  “The Theme of Smuggling in the Mexican Corrido.” Revista  Chicano Riqueña.  1979:7 No. 4: 4961.

Ortiz Guerrero, Armando Hugo.  Vida y muerte en la frontera: Cancionero del corrido

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Paredes, Américo.  A Texas-Mexican Cancionero.  Urbana: University of Illinois           Press, 1976.

Quinones, Sam.   True Tales from Another Mexico.  Albuquerque: University of New México   Press, 2001.

Ramírez, Trinidad.  “Los tigres del Norte defienden sus historias.”  En  Zeta 1496, del 29 de noviembre al 5 de diciembre del 2002.

Ramírez-Pimienta, Juan Carlos.  “El corrido de narcotráfico en los años ochenta y noventa: unjuicio moral suspendido”.  The Bilingual Review/ La Revista Bilingüe.  XXIII.2 (May-August 1998): 145-156.

—. “¿Todavía es el corrido la voz de nuestra gente?: Una entrevista con Enrique Franco.”         Inédita.

Ramos Aguirre, Francisco. Mariano Reséndez, Nieves Hernández y Gregorio Cortes (y sus corridos).  Edición de autor. Cd. Victoria, 1991.

Santamaría Gómez, Arturo. “Narco limosnas y narco bendiciones.” Selecciones de el Tribuno del Pueblo.  (http://www.lrna.org/league/TP/!TP.97.12/9712.arturo.sp.html)

Sonnichsen, Phillip.  Texas-Mexican Border Music, Vols. 2&4.  Folleto.  Berkeley: Arholie Records.  1975.

Spottswood, Richard K. Ethnic Music on Records: A Discography of Ethnic Recordings

Produced in the United States, 1893 to 1942.  Urbana: University of Illinois Press.  1990.

Wald, Elijah.  Narcocorrido: Un viaje al mundo de la música de las drogas, armas, y guerrilleros  Nueva York: Rayo,  2001

Wellinga, Klaas. “Cantando a los traficantes.”Foro Hispánico: Revista Hispánica de los Países   Bajos, 22 (2002): 137-54.

 

 

3 comments

  1. Saludos:
    Me parece muy acertada la distinción entre corridos de narcotráfico y narcocorridos. Sin embargo, yo no veo a los segundos como una evolución de los primeros. Más bien como una variante.
    Si bien el narcocorrido se desprende del corrido de narcotráfico, no lo ha sustituido. Ahora nos podemos encontrar tanto con corridos cuyo tema central el es el tráfico de drogas (por lo general cuentan una historia en tercera persona), como con los que se refieren únicamente a su uso y “ventajas”, donde los personajes principales se jactan de su valentía, uso de la violencia y machismo(estos se cantan en primera persona).
    En fin, corridos de narcotráfico y narcocorridos conviven en un mismo espacio y tiempo.

    1. Tiene usted mucho de razon Beatriz. Ahora es mas facil encontrar los dos tipos. Más que hablar de una definición de narcocorrido quizás mejor convendría hablar de una noción asociada al narcocorrido. Esto permitiría incluir corridos que no necesariamente mencionan drogas – el tráfico o uso de éstas- pero que obviamente abrevan del universo del narcotráfico.

  2. Vladimir Escalante · · Reply

    Hola,
    Hace tiempo escuché en la radio que un narco corrido había sido censurado por el gobierno porque comenzaba con una sirena, y esto podría generar confusión entre la gente al pensar que se trataba de una sirena de verdad. ¿Alguien tiene alguna referencia sobre esto? Me gusta mucho coleccionar este tipo de razonamientos surrealistas por parte de autoridades para justificar y enaltecer la censura.

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