Tres momentos de la narcocultura en México

El texto que sigue salió hace unos días en Milenio.

 

 

 

http://impreso.milenio.com/node/8508566

 

Tres momentos de la narcocultura en México

 

El narcotráfico y sus producciones culturales han existido en México desde al menos las primeras décadas del siglo pasado. El primer corrido con temática de narcóticos y narcotraficantes que he documentado data del inicio de la década de 1930. A partir de ahí se han grabado muchos miles de corridos que tratan estos temas. El corrido, como reflejo de las sociedades que lo producen, obviamente, no ha permanecido estático.

I

Hay varias etapas en la resignificación del corrido de narcotráfico y narcotraficantes. Sin embargo, considero que el caso de Rafael Caro Quintero, al mediar la década de los ochenta, fue el catalizador que inició el cambio epistemológico que precipitaría el corrido de narcóticos y narcotraficantes a su vertiente de narcocorrido “duro”. Esta evolución consiste en el desplazamiento del individuo protagonista de una aventura como centro del corrido, al medio ambiente festivo y celebratorio que rodea el tráfico de estupefacientes. Es decir, el corrido de narcotráfico se fue convirtiendo en narcocorrido en la medida en que la temática pasó de ser el narcotráfico, sus peligros y aventuras para convertirse en una canción que enfatiza la vida suntuosa y placentera del narcotraficante. El capital simbólico del héroe del corrido había sido tradicionalmente la valentía por sobre todas las demás virtudes. Ahora, el tener dinero y gastarlo a manos llenas se ha convertido en la nueva medida de heroicidad en una sociedad cada vez más empobrecida.

Comprender el affaire Caro Quintero-Camarena es basal para tratar de entender cómo (y por qué) evolucionó en el tejido mental de la sociedad mexicana esta nueva noción de (anti)heroicidad, pues ahí, repito, radica precisamente la clave del surgimiento y proliferación del narcocorrido “duro”, así como de su permanencia en el gusto popular. En 1985 Rafael Caro Quintero fue acusado y preso por el secuestro y asesinato de Enrique Kiki Camarena, un agente encubierto de la DEA (la Agencia Antidrogas Estadounidense). El Greñas, apodo de Caro Quintero, casi de inmediato se convirtió en un verdadero héroe en medio de una vorágine de emociones encontradas, de acciones nacionalistas, xenofóbicas y de reacciones oficiales y populares ante la acumulación (y distribución) del capital reunido por este joven empresario, quien supuestamente declaró que si lo dejaban “trabajar” dos años sin que le molestaran sus cultivos de marihuana, ni sus demás negocios, se comprometía a pagar la deuda externa mexicana. Si bien posteriormente el capo sinaloense negaría haber hecho tal declaración, la verdad es que no resulta tan importante si lo dijo o no, sino que buena parte de la población lo creyó posible y, más aún, deseable. La imagen heroica de Caro Quintero se diseminaba tanto en charlas de café como en los múltiples corridos que en su honor se compusieron. La supuesta oferta se repetía y comentaba en conversaciones, e incluso se llegaría a cantar en corridos como “La captura de Quintero”:

Y sí lo dije, es cierto.
De la deuda al extranjero
si el gobierno me permite
yo pago todo el dinero.

Todo lo anterior sucedía mientras México atravesaba por la que ha sido considerada por muchos una de las peores crisis en la historia económica de un país que se despertaba cada mañana con encabezados deprimentes de los diarios donde abundaban conceptos como “deuda externa”, “devaluación” e “inflación”, y cuyos tabuladores económicos se disparaban en este último rubro llegando al 100 por ciento de inflación. Asimismo, se volvió pasatiempo nacional calcular cómo se repartía la deuda externa por habitante, es decir, cuánto le correspondía pagar a cada uno, incluyendo los niños y aun los que estaban por nacer.

II

Otro hito en el desarrollo del narcocorrido y la narcocultura es el fenómeno de Chalino Sánchez. A pesar de que la gran mayoría de los corridos de este cantante y compositor sinaloense no tratan explícitamente del tráfico de drogas y en éstos no se encuentran los excesos de consumo de alcohol y drogas que se asocian al género al filo del tercer milenio, mucha gente considera erróneamente a Sánchez como el padre del narcocorrido. No lo fue. Lo que sí es innegable es que su influencia en esta corriente musical es muy grande y se da en muchos niveles. Por ejemplo, su manera de interpretar los corridos abrió la posibilidad a muchos oyentes de poder aspirar a ser ellos mismos cantantes. Chalino no cantaba “bonito”, y con eso hizo pensar a más de uno que si él pudo, ellos también.

 

Los Tucanes de Tijuana durante la grabación del video “El papá de los pollitos”. Foto: Saúl López

Asimismo, con sus corridos por encargo o comisionados se da una democratización del sujeto corridístico. Los protagonistas de las composiciones de Chalino navegan entre el hombre ordinario y el paradigmático héroe de corrido. Es cierto que la gran mayoría de sus “homenajeados” sobresalen por su valentía, independientemente de que ésta sea real, o tan sólo atribuida por el corridista. Pero también es verdad que el mismo Chalino dice claramente en “Chepe Herrán” que cualquier hombre formal es merecedor de un corrido (“Todo aquel hombre formal/ se merece su corrido”). Y asimismo en el corrido “Óscar Barraza”, sin ambigüedad, dice que éste no es valiente pero sí buen amigo (“Con el permiso de todos/ voy a cantarle el corrido/ a un hombre que no es valiente/ pero sí muy buen amigo.”) Bajo esta lógica, a falta de valentía y otros atributos, su lealtad amistosa —y la paga por la composición— lo hacen merecedor de un corrido.

Sin embargo, el mayor activo corridístico de Chalino es él mismo, su vida mítica influyó en el género casi tanto como su temprana muerte, asesinado en Culiacán poco después de una presentación en mayo de 1992. Aún hoy en día, más de 15 años después de su fallecimiento, es difícil sintonizar una estación radiofónica del género sin escuchar o bien la voz de Sánchez o la de alguno de sus decenas de imitadores.

Su asesinato convirtió a Sánchez en una verdadera leyenda del corrido mexicano, no sólo como una auténtica fuerza revitalizadora del género en su calidad de compositor o como inspirador de decenas de imitadores que surgieron y siguen surgiendo a partir de su muerte, sino como protagonista de múltiples corridos. De acuerdo con el periodista Sam Quiñones, Chalino Sánchez y Francisco Villa son los personajes en cuyo honor se han compuesto más corridos, más de cien para Sánchez. Ésa no es la única coincidencia entre sus vidas. Chalino y Villa, asimismo, comparten otro espacio: la sierra, que es la patria de los perseguidos, de los que se ven forzados a irse a la periferia para operar desde ahí. En el caso de Villa, la sierra era un espacio real al que acudía a refugiarse cuando era perseguido por algún ejército más numeroso. En la sierra el guerrillero era muy difícil de ubicar y prácticamente invencible. Por su parte, para Chalino lo serrano no era tan sólo un espacio real sino una manera de ser que lo identificaba con un amplio sector de la sociedad mexicana en el norte del país y en California. En su caso, de manera paradójica, la periferia lo vuelve centro simbólico, en tanto que ser serrano o aparentar serlo en el mundo del corrido y de la narcocultura conlleva un importante capital simbólico. De la misma manera que en los setenta y ochenta el “apellido” preferido de la gran mayoría de los grupos norteños era precisamente “del Norte” (ie. Tigres del Norte, Huracanes del Norte, Bravos del Norte, etc.), a partir de los noventa el apelativo preferido parece ser “de la Sierra”. Surgen así “El As de la Sierra”, “El Halcón de la Sierra”, “K-Paz de la Sierra”, “Los Alteños de la Sierra”, “Los Alegres de la Sierra”, “Los Brujos de la Sierra” y muchos otros más.

No es coincidencia que el surgimiento del narcocorrido haya sido simultáneo al desmantelamiento del tejido social, político y económico mexicano, que se inicia principalmente a finales de los años sesenta y que continúa en las siguientes décadas. Conforme el pacto social del Estado mexicano, que prometía el ascenso social y económico a través de la formación de jóvenes profesionistas, dejó de cumplirse —y el ser abogado o médico ya no garantizaba el acceso a la clase media y media alta—, la figura del criminal, en su vertiente de narcotraficante, fue afianzándose cada vez más en la imaginación social.

III

La mala noticia es que México y el mundo están ya en el umbral de la que los expertos pronostican será una muy severa crisis económica, y éstas han probado ser, a través de la reciente historia, el perfecto caldo de cultivo de la narcocultura. Mientras tanto, en urbes como Tijuana y Ciudad Juárez se ha vuelto un macabro pasatiempo calcular cuántos cadáveres (y en qué condiciones: decapitados, empozolados, descuartizados, etc.) se reportarán en los diarios matutinos como resultado de los ajustes de cuentas de las guerras del narcotráfico.

Juan Carlos Ramírez-Pimienta es narcocorridólogo y profesor-investigador de la San Diego State University, campus Imperial Valley.

 

3 comments

  1. CARLOS A. ROJO A. · · Reply

    me parece muy bueno tu opinion muy particular de los narcocorridos,pero no creo que sea como para que te autonombres narcocorridòlogo…cualquiera con un poco de educaciòn y que conozca realmente y haya vivido situaciones de ese medio, conoce todo eso que tu comentas…pero te felicito por preocuparte y ocuparte de estudiar estas cosas…a mi tambièn me gustan mucho los corridos, y si son narcocorridos mejor…saludos…

    1. Gracias por las felicitaciones Sr. Rojo. Si todo lo que he escrito aqui le pareces material conocido entonces me gustaria entrevistarlo. Ahora mismo le mandare un correo para tal proposito.

      Saludos,
      JCRP

  2. Sobra decir que nunca me respondio.

    jcrp

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