Prohibir narcocorridos no bajará el crimen

SIEMPRE. Presencia de México / 28 mayo, 2011
 
Prohibir narcocorridos no bajará el crimen
Nora Rodríguez Aceves
“Siempre andaba emparrandado/derrochando su dinero/Con la pistola en la mano/desafiando al mundo entero/No había quién se le parara/hasta ni la policía/Yo creo gozaba de fueros/porque hacía lo que quería…”, dice una de las muchas versiones que se han hecho a lo largo de la historia musical, del corrido de Pablo González El Pablote, el primer narcotraficante que inspiró un corrido en los años treinta.
Hoy este y otros narcocorridos que existen ya no se podrán escuchar en Sinaloa, gracias a que el gobernador Mario López Valdez, Malova, a través de un decreto prohibió este género musical en bares, cantinas, salones y centros nocturnos, donde se venda alcohol, así como presentaciones en estos lugares públicos de grupos con repertorio alusivo al crimen organizado.
Entre los argumentos que ha declarado el mandatario estatal para justificar esta decisión, tomada el pasado 19 de mayo, afirma que la ”apología de héroes de oropel, a través de la música, incita a muchos jóvenes a convertirse en delincuentes, a las chicas a verse convertidas en novias de personajes vinculados a los grupos delictivos”.
Pero Malova no es la única autoridad que ha censurado este género de música e implementado este tipo de medidas, que según “la extendida difusión de los denominados narcocorridos, que debido a su promoción discográfica ha llegado a la radio, televisión, Internet, y sitios públicos, en los estados del norte del país, ha generado reacciones sociales, expresando su preocupación respecto a las repercusiones de sus contenidos; en la apología a la violencia que genera el crimen organizado y la promoción de pseudovalores ajenos a las aspiraciones que la sociedad pretende para sus niños y adolescentes”.
 
En Chihuahua no funcionó
Hace unos meses, señala a Siempre! el experto en narcocorridos de la Universidad Estatal de San Diego Campus Imperial Valley, Juan Carlos Ramírez-Pimienta, “en Chihuahua se implementó algo parecido. Desde los años ochenta ya se habían hecho campañas para sacar los narcocorridos de la radio, lo que tuvo un efecto contrario. Por mucho tiempo el narcocorrido se brincó, se saltó la radio, sobre todo en México, en Estados Unidos sí se toca en muchas estaciones, aunque de repente hay una cierta censura en algunas de las palabras”.
“En México tiene muchos años que casi no se escuchan narcocorridos en la radio, que se convirtió en un fenómeno que se fue hacia los subterráneos, underground, un fenómeno que se fue a la Internet, al estéreo o al iPod del auto y donde la prohibición le añadió un capital simbólico, se volvió más codiciado aquel corrido que era tan fuerte, que no podía ser tocado en la radio; entonces, con este tipo de prohibiciones suceden cosas parecidas o sucederá algo parecido, el fenómeno no terminará ahí, la gente seguirá escuchando narcocorridos en diferentes lugares”.
 
El narcocorrido merece respeto
Par su parte, Adrián Aldrete Quiñones, psicoanalista y terapeuta, asegura a Siempre! que esta “prohibición atenta contra la libertad de expresión de todo mexicano, independientemente de que se pueda tener agrado hacia este género de música o no, no deja de ser la expresión de una cultura musical que merece el respeto, la consideración y sobre todo la reflexión”.
“La libertad de expresión es una garantía constitucional, sería desplazar una problemática a un área donde no será resuelta, pero donde pudiera haber más factibilidad de acción, algo así como: es más fácil decir que quiero prohibir los narcocorridos y hacer una campaña en diferentes centros donde se toque este tipo de música, que llevar a cabo una campaña profunda, fuerte de educación, de generación de empleo, de apoyo al campo, de otras características que implicaría inversión real de parte de uno o de otro gobierno. Es mucho más fácil procurar que no se cante equis género a dedicarse a promover oportunidades objetivas y reales para la población. Esto es un desplazamiento de la problemática hacia un área donde es más fácil actuar, pero que no resuelve nada, digo, desde una mirada psicoanalista”.
“Aquí lo terrible es que se puede pasar a prohibir otros géneros musicales que expresan en sus contenidos malestar contra formas de administración gubernamental, la llamada canción de protesta, o puede haber grupos de poder que protesten contra géneros donde se hable o se ponga en predominio las relaciones erótico-sexuales”, hay que tener mucho cuidado con eso.
 
Su origen, en México-Texas
El autor de Cantar a los narcos. Voces y versos del narcocorrido, de próxima aparición, y editado por Editorial Planeta, Ramírez-Pimienta comenta que “el origen del narcocorrido es la frontera México-texana, mucho antes de los corridos sinaloenses. Yo documenté el primer narcocorrido, es de un narcotraficante llamado Pablo González, El Pablote, que viene siendo como el bisabuelo del cártel de Juárez, porque es una persona que en los años veinte era narcotraficante en Ciudad Juárez. El narcocorrido empezó siendo y su origen es un corrido fronterizo, un corrido de conflicto étnico; es decir, nosotros los mexicanos en contra de los americanos malos, cuando uno ve las raíces del narcocorrido, de los años treinta, muchos de ellos están en ese contexto, el mexicano que se defiende del angloamericano”.
 
Crónicas de aventuras y amores
En su ensayo El narcocorrido y sus claves, el poeta mexicano Avelino Gómez Guzmán expone que “anteriormente se componían corridos de revolucionarios, bandidos o caballos, ahora se acompañan de traficantes y de camionetas de cargas de droga”.
“Los narcocorridos son crónicas de las aventuras, traiciones, infortunios, ejecuciones, amores y demás hechos de individuos involucrados en el negocio”.
Hoy en día, escribe Avelino Gómez, “las historias de los narcos en los corridos dominan más que cualquier otra temática. Pero no necesariamente los narcos son los únicos personajes en estas crónicas, también en ellas aparecen policías judiciales o federales de caminos los cuales son la contrapartida —el enemigo— dentro de la narración“.
El poeta mexicano va más allá y señala: “Y ya sea en lenguaje común o en claves, en ellos está plasmada una visión parcial, pero creíble, de lo que es el narco. Se describen costumbres, maneras de ser y de pensar de los capos, de jefes de cárteles, traficantes, y sembradores de marihuana o amapola. Esta manera de visualizar a los narcos en los corridos —siempre a favor de ellos—, hacen que un gran sector de la población vea en ellos algo de honestidad y carácter heroico, incluso, hasta se les estima; la gente los siente mucho más cercanos y respetables que a los mismos representantes de la ley, tan fácilmente corruptibles y tan sujetos a cometer delitos como los primeros”.
 
Pieza de información
Especialista en el desarrollo histórico del corrido, Ramírez-Pimienta apunta que efectivamente existe una cultura del narcotráfico o narcocultura como se le conoce, “hay producciones culturales asociadas al narcotráfico, sí, la más importante por su volumen, por su impacto social, es obviamente el narcocorrido, pero no es la única, tenemos también producción literaria, narrativa, más novelística, novelas, telenovelas, que hablan de ese tema, películas, desde los años setenta, incluso antes, pero más claramente desde los años setenta, lo que se denominaba narcocine o cine de traficantes. En ese sentido, son producciones culturales y como toda producción cultural tiene un efecto sobre la cultura en la que se disemina”.
El investigador aplaude que exista esta ramificación de la cultura, porque “no se le puede dar el monopolio de contar la historia, los hechos, solamente al Estado mexicano. Estamos en un momento paradigmático de la historia de México, en un momento en que, dentro de cincuenta, cien años, se verán estos años de gran sufrimiento, de muchas muertes y será un periodo que despertará, obviamente, la curiosidad de los investigadores, de los historiadores; bueno pues el narcocorrido es otra pieza de información que nos ayuda a completar el cuadro de lo que está pasando. Es una contranarrativa o una narrativa histórica desde abajo. Ojo, los narcocorridos pueden ser muy mentirosos, pueden ser muy fantasiosos, pero algunos de los reportes oficiales que nos llegan por parte de las autoridades son tan o más fantasiosos como el narcocorrido”.
“Todos sabemos que ha habido realidades fabricadas por parte de las autoridades, puestas en escenas que dejan al narcocorrido más fantasioso en ridículo, en un Estado de derecho perfecto, quizá tendría más sentido este tipo de prohibición, pero sucede que a través de los narcocorridos, de las narcomantas, de las narcopintas, obtenernos pedacitos de información que muchas veces es verdad”.
Uno de los argumentos más fuerte que sostienen las autoridades sinaloenses y federales que apoyan la prohibición de los narcocorridos en lugares públicos es que representan una apología del delito, hablan de valores que no deben admitirse.
En un contexto de mordaza
Sin embargo, para el investigador de la Universidad estatal de San Diego Campus Imperial Valley, “más que una apología, muchas veces es una explicación de la violencia, del ambiente. La producción de narcocorridos es increíblemente vasta, se producen cientos semanalmente en algunas partes de México o de Estados Unidos desde los que suben a Internet con una guitarrita en You Tube hasta los grupos más profesionales. Es un corpus extremadamente extenso y dentro de ese corpus encontramos de todo; pero en ese sentido hay narcocorridos que nos ayudan a entender qué es lo que está pasando”.
“Repito, no es conveniente que sea el Estado mexicano el único que tenga la voz narrativa de estos hechos, porque desgraciadamente no es confiable. Al paso del tiempo nos enteramos que actores de la procuración de justicia fueron parte de actos ilícitos, que tuvieron sus voluntades compradas, reconocidos después de algún tiempo, algunos están en la cárcel, pero de otros sólo hay sospechas porque aún no se tienen las pruebas. Todas las voces tienen un lugar y la voz del narcocorredista también tiene un lugar en nuestra sociedad.
“Yo veo esto dentro del contexto de esta mordaza que también se quiere imponer a los medios en general de que no hay que hablar de lo malo, como si eso hiciera que lo malo desapareciera”.
Sólo hay que recordar que hace unos meses, muchos medios de comunicación mexicanos, firmaron el acuerdo para la cobertura informativa de la violencia, que incluye criterios editoriales como: tomar postura en contra; no convertirse en vocero involuntario de la delincuencia organizada; dimensionar adecuadamente la información; no interferir en el combate a la delincuencia, entre otros lineamientos.
Es el temor de la autoridad y el cuidar la imagen de ésta lo que está detrás de todas estas medidas. Esa puede ser una de las razones, dice el investigador Ramírez-Pimienta, porque esa es la misma lógica por ejemplo para incautar las llamadas narcomantas, en las que de repente con nombre y apellido se acusa a ciertos elementos de la procuración de justicia: fulano de tal, tú estás de parte de este grupo. Estas narcomantas tienen muchos años apareciendo, y algunos de los mensajes escritos en estas narcomantas resulta que sí eran verdad y de manera reconocida por la misma procuración de justicia mexicana que después ciertos jefes policiacos, bastantes desafortunadamente, resultan que sí estaban coludidos con el narcotráfico. Entonces, son una contrahistoria. Lo que no podemos hacer es pensar que todo lo que van a decir los narcocorridos tampoco va a ser verdad, pero sí hay algunos que nos ayudan a entender lo que está sucediendo”.
En este contexto, “hay artistas plásticos que están trabajando ese tema —el narcotráfico y el crimen organizado— y han visto sus apoyos oficiales mermados o retirados o condicionados, porque son temas que supuestamente, nos hacen ver mal en el extranjero, pero la percepción proviene de una realidad, una realidad que no se puede tapar con un dedo. No es que se acabe el narcocorrido y por ende se acabe el narcotráfico. Aún más, en mis investigaciones desde el punto de vista histórico, el primer narcocorrido que encontré es del año de 1931, y en mis investigaciones he encontrado una correlación inversamente proporcional entre la producción del narcocorrido y la situación económica del país”.
 
Apología de la violencia
Hoy día, tenemos infinidad de intérpretes de grupos que se dedican a interpretar narcocorridos, que se dedican a la música norteña, por ejemplo están en Tijuana Los cadetes de Linares, Los huracanes del norte, Los invasores de Nuevo León, Los razos, Grupo exterminador, Los originales de San Juan, La raza obrera.
Son muy escuchados y están en el gusto de la gente los siguientes narcocorridos: Contrabando y traición, La banda del carro rojo, La camioneta gris, Pacas de a kilo, El jefe de jefes, La reina del sur, El agricultor, La caspa del diablo, Las dos monjas, Reina de reinas, Fiesta en la sierra, El chingón de chingones, Entre perico y perico… entre muchos más, apunta Avelino Gómez en su ensayo Narcocorridos y sus Claves.
El doctor Adrián Aldrete, coincide totalmente con las autoridades federales y estatales que advierten que los narcocorridos son una apología de la violencia “sí lo son, claro que realzan la violencia, claro que realzan figuras que no deberían ser puestas en esa altura, pero el nivel de influencia en un sujeto que tiene un contrapeso lo suficientemente fuerte, lo suficientemente gratificante, es mínimo”.
“El narcocorrido por sí mismo no tiene el alcance que plantea el gobernador, dicho sea con todo respeto, el narcocorrido no es más allá que una expresión de un género musical producto de una situación sociocultural, muy triste, muy lamentable, como la que estamos viviendo. Si al narcocorrido se le agrega un contexto familiar sociocultural económico tan difícil, tan carenciado, tan falto de oportunidades, todo esto en conjunto, puede ser un caldo de cultivo para individuos que opten por esa ruta de vida”.
El terapeuta afirma que “el narcocorrido sería el punto que menos influencia pudiera tener, influencias básicas en la familia, el contexto inmediato posterior a la familia, las posibilidades de desarrollo social, educativas, culturales, económicas. Esos aspectos son los nodales para que un sujeto opte por una opción o por otra”.
“Si la idea es prohibir un género musical con la expectativa de que el crimen organizado disminuya, la ruta es equivocada. El camino a seguir es modificar aspectos nodales económicos, educativos, de oportunidad general para la población y fundamentalmente para la población joven”, concluye Adrián Aldrete Quiñones.
El narcocorrido es pieza de información que nos ayuda a completar el cuadro de lo que está pasando. Es una contranarrativa o una narrativa histórica.

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