El narcocorrido religioso: usos y abusos de un género

 Este artículo recién se publicó en

Studies in Latin American Popular Culture, Vol. 29, 2011. pp 184-201.

El narcocorrido religioso: usos y abusos de un género.

Juan Carlos Ramírez-Pimienta

San Diego State University – Imperial Valley

            De los más de doscientos corridos que Vicente T. Mendoza antologó en su seminal estudio Lírica narrativa de México, el corrido tan sólo cinco fueron catalogados como religiosos (bajo el rubro de religiosos, bíblicos y morales). Por su parte, en los cinco volúmenes del Corrido histórico mexicano, la monumental compilación de corridos publicada por Antonio Avitia Hernández, encontramos unos pocos corridos de maldición y corridos cristeros que, de algún modo, tienen relación con lo religioso. La religión no ha sido, entonces, uno de los temas favoritos de la corridística. Lo anterior se enfatiza aún más en el corpus de los corridos de narcotráfico. En efecto, pocos pensarían en el narcocorrido como un género que pudiera tener la religión como tema. Lo anterior sería quizá lo más alejado de la mente del oyente y consumidor ocasional de estas producciones culturales que usualmente se colocan al extremo opuesto de aquello que tiene que ver con lo religioso. Es verdad que la religión y la narcocultura han sido relacionados en años recientes pero esta conexión se ha dado principalmente en otras arenas diferentes a la musical. Uno de estos rubros han sido las llamadas narco limosnas, es decir las dádivas de narcotraficantes a la Iglesia. Si bien este fenómeno no se limita a la Iglesia Católica es en este contexto que salió a la luz y que se le ha dado más difusión.  El tema incluso se vio reflejado de forma prominente en la exitosa película mexicana El Crimen del Padre Amaro dirigida por Carlos Estrada en el 2002.[1] Este filme ilustra la relación de un narcotraficante local con un sacerdote a quien daba cuantiosas limosnas que éste recibía con pleno conocimiento de su procedencia ilegal y que usaba para la construcción de un hospital. 

Esta tácita complicidad fue la posición defendida por algunos representantes de la Iglesia Católica mexicana al salir a la luz este fenómeno, decir que el dinero “sucio” se purificaba al usarlo en bien de la sociedad. El escándalo de las narco limosnas detonó en la década de los noventa del siglo pasado. En septiembre de 1997 el sacerdote Raúl Soto, canónigo de la Basílica de Guadalupe en la ciudad de México, dijo en su homilía que más personas deberían seguir el ejemplo de los narcotraficantes Rafael Caro Quintero y Amado Carrillo, quienes habían hecho donaciones millonarias a la Iglesia. A pesar de múltiples críticas desde muchos de los sectores sociales una primera defensa de la Iglesia Católica enfatizó, a través de Alberto Athié, secretario ejecutivo de la Comisión Pastoral Social del Episcopado, que no correspondía a ellos andar fiscalizando a sus donantes.[2] Esta posición de la Iglesia ha sido reiterada a través de los años por otros representantes de la misma. En abril de 2008 el obispo de Texcoco, México, Carlos Aguiar Retes, volvió a referirse a las narco limosnas en términos parecidos a los de Soto, exaltando la generosidad de algunos narcotraficantes y haciendo una validación total de éstos como actores sociales, actores que incluso cumplen algunas de las funciones del Estado mexicano ya que: “hacen obras muy significativas para la comunidad: meten luz y se encargan de financiar la construcción de caminos. También construyen Iglesias y capillas. Eso ocurre en algunos pueblos muy remotos de la sierra, donde el gobierno no tiene recursos para actuar”.[3]

Sin embargo, no todos los miembros de la Iglesia estuvieron de acuerdo con esa postura. Unos días después de la declaración de Aguiar Retes, el arzobispo de León en el estado de Guanajuato, México, José Guadalupe Martín Rábago, condenó la aceptación de recursos provenientes del narcotráfico. Incluso reiteró que no por ser usado por la Iglesia en obras comunitarias se limpia su origen: “no se lava el dinero que llega del narco aunque se quiera emplear en obras de servicio”.[4] A pesar de éste y otros deslindes de algunas autoridades eclesiásticas, en buena parte del público permanece la idea de la colusión entre la Iglesia Católica y el narcotráfico. En su crónica periodística “Historias de curas y narcos, los templos del dinero sucio.” Alberto Najar hace un recuento de la relación del narcotráfico y la Iglesia Católica en Jalisco, México. Ahí mismo habla de San Juan Macías, un santo importado de Perú a la capilla de María de los Angeles que comenzó a ser muy visitado por “personajes extraños, hombres malencarados de cinturón piteado y botas de piel de avestruz.” Estos personajes no sólo llamaban la atención por su vestimenta sino por su generosidad, pues dejaban “billetes de 500 pesos en las canastas durante las misa, centenarios en los cepos para las limosnas.” San Juan Macías es conocido como patrón de los pobres, de los emigrantes y como ladrón del purgatorio. Este último rubro bien podría explicar el por qué de la devoción de los criminales (en este caso de los narcotraficantes). Su misión como ladrón del purgatorio es, por medio de la oración, robarle almas que están penando ahí y mandarlas al cielo, una suerte de lavado de almas. Al parecer su culto desplazó al de Santa María de los Ángeles, la patrona titular de la capilla, lo que causó malestar entre algunas autoridades eclesiásticas que consideraron incluso retirar la imagen del santo peruano. Antes de que esto sucediera un comando de encapuchados secuestró la imagen que fue trasladada a otra capilla donde se le siguió venerando.[5] 

Un capítulo que muestra una relación menos cordial entre el narcotráfico y la Iglesia Católica se dio con el asesinato del cardenal de Guadalajara Juan José Posadas Ocampo en 1993. La versión más difundida es que pistoleros del cartel de Tijuana lo habrían matado al confundirlo con un capo rival (Blancornelas 2004). Nunca se ha aclarado a cabalidad qué fue lo que ocurrió en el aeropuerto de Guadalajara esa tarde de mayo. Una versión apuntaba a que realmente se habían equivocado de víctima. Otra indicaba que de algún modo el cardenal tenía información del narcotráfico y la pensaba revelar. Otra teoría más apuntaba al prelado no tanto como una víctima inocente sino como un cómplice convertido después en víctima. De acuerdo a esta noción el religioso habría traicionado al cartel y por eso fue asesinado.[6] (Carpizo Macgregor 2002).

Los hermanos Arellano Félix, jefes del cartel de Tijuana, aceptaron ser los autores intelectuales y materiales del crimen pero negaron que el sacerdote fuera a quien querían victimar. Siempre arguyendo una equivocación, los capos tijuanenses habrían acudido a la jerarquía Católica para tratar de explicar el incidente. Un sacerdote amigo de la familia, el padre José Montaño, les sirvió de conducto. Por medio de él hicieron arreglos para entrevistarse en el Distrito Federal con Girolamo Prigione, el representante del papado en México. Las reuniones se llevaron a cabo en diciembre de 1993 y enero del siguiente año. De acuerdo al entonces procurador de justicia mexicano Jorge Carpizo Macgregor la oficina a su cargo estuvo enterada del encuentro pero resolvió no arrestarlos por miedo a causar una masacre.

 

“Malverde no me ha fallado”

La narcocultura también se asocia a figuras religiosas no sancionadas por la Iglesia Católica como Jesús Malverde y la Santa Muerte. El primero está mucho más ligado al locus de enunciación narcocorridístico al formar parte de la geografía cultural del estado mexicano de Sinaloa.[7] El nombre de Malverde comenzó a popularizarse masivamente fuera de Sinaloa a principios de los años noventa pero su culto regional data de al menos los años cincuentas (García 2002:5).Hay varias hipótesis en cuanto a la historia del personaje. Hay incluso algunos que dudan que haya existido. De acuerdo a una de las teorías más aceptadas su nombre era Jesús Juárez Mazo y nació en 1870 (Griffith 2003:66, García 2002:2). Su apodo Malverde habría surgido porque se escondía entre las hojas verdes de los árboles para asaltar los caminos. Lo suyo, sin embargo, era supuestamente el bandidaje generoso pues de acuerdo a su leyenda robaba a los ricos para dar a los pobres. En este sentido se ha señalado una amalgama de la figura de Malverde con la de Eraclio Bernal “El Rayo de Sinaloa” proto revolucionario sinaloense y personaje de múltiples corridos.[8] Otra amalgama tiene que ver con la iconografía de Malverde pues según varias fuentes la imagen que se venera no es sino la mezcla de las características físicas de los ídolos del cine de la época de oro mexicano Jorge Negrete y Pedro Infante (Wald 2001: 68). De acuerdo a esta versión la gente habría comenzado a pedir estampas y figuritas de Malverde y al no encontrarse ninguna foto se le dijo al artesano que hiciera las figuras combinando las características de ambos actores (Wald 2001:68). Por su parte, Eligio González, quien por muchos años fue el encargado de la capilla de Malverde dijo en más de una ocasión que la figura se hizo de acuerdo a una foto que él recordaba haber visto pero que no conservaba (García 2002:12).

Es difícil saber cuándo inicia la relación de Malverde con el narcotráfico, en ninguna de sus leyendas se señala que él mismo haya sido narcotraficante sino que siempre –como dije antes- se enfatiza su profesión de ladrón. Para Luis Astorga la relación se ha hecho más visible porque los narcotraficantes se han hecho ellos mismos más visibles. Si bien sus creyentes provienen de todos los estratos sociales en algún momento la figura de Malverde se resignificó hacia ser paradigmáticamente protector de los narcotraficantes.[9] Según Luis Omar Montoya Arias, esta relación entre el santo (o ánima como la conocen sus más allegados) y el narcotráfico se dio al mediar la década de 1970 en el contexto de la Operación Cóndor:

La relación que Jesús guarda con los capos de la droga se explica en un momento histórico coyuntural conocido como Operación Cóndor (1975), caracterizado por la represión, persecución y muerte. Fueron años difíciles para los gomeros, había que encomendarse a todos los santos, ánimas y vírgenes existentes, porque en todo momento su vida peligraba. Para estos años los pobladores de Culiacán habían dado cuenta de cientos de milagros malverdianos y es lógico pensar que su efectividad influyó en la conversión religiosa de miles de gomeros.[10]

También de acuerdo al mismo Montoya Arias, es a partir de ese momento que la figura de Malverde entró a formar parte de la narcocorridística. Una compilación de sus corridos se puede adquirir por un módico precio en la misma capilla de Malverde en Culiacán. Es imposible saber cuántos corridos existen dedicados al personaje, no sólo los grabados de manera profesional sino los de aficionado. De los primeros hay varios grabados por artistas de la talla de Los Cadetes de Linares, Los Tucanes de Tijuana y Chalino Sánchez. Hay básicamente dos tipos de corridos dedicados a Malverde. Algunos, como el interpretado por Chalino, hablan de su historia:

En Durango y Sinaloa

donde seguido robaba,

por ayudar a los pobres

o al que lo necesitaba.

Después hacía lo que el tigre,

al cerro se remontaba.[11]

Y otros (los más) dan gracias por la protección y ayuda recibida.[12] Ejemplos de lo anterior son temas como “El corrido de Malverde” interpretado por Julio Chaidez donde el sujeto del enunciado va a darle serenata, se supone que por ser el tres de mayo, día en que se celebra el culto malverdiano:

Hoy me paseo en Culiacán,

en una troca del año.

Voy con rumbo a una capilla,

porque allá tengo una cita.

Es la de Jesús Malverde,

le llevó sus mañanitas.[13]

Los siguientes dos corridos también agradecen su protección. El primero, interpretado por Los Cadetes de Linares, es uno de los más conocidos y señala la relación entre Malverde y Colombia haciendo alusión al narcotráfico y al manto protector que el sinaloense provee:

Me fue muy bien todo el año

por eso ahora vengo a verte.

De Culiacán a Colombia

que viva Jesús Malverde.

Este santo del colgado

me ha traído buena suerte.[14]

Por último, el corrido “Mi santito preferido” interpretado – entre otros – por Los Cuates de Sinaloa es ya completamente transparente en relación al negocio del narcotráfico y habla de éste de una manera franca y descarada:

Malverde no me ha fallado

y nunca me fallará.

Le llevo un viaje por mes

a los gringos de cristal.

Y de regreso festejo

con Malverde en Culiacán.[15]

 

La Santa muerte

Por muchos años el culto malverdiano ha sido indudablemente el más ligado a la narcocultura en México. Esa situación ha comenzado a cambiar pues la Santa Muerte cada vez cobra más popularidad como protectora de los narcotraficantes, como puede verse con la proliferación – a pesar de la campaña de destrucción—de capillas dedicadas a ésta y la venta de sus imágenes y medallas en mercados al aire libre así como puestos ambulantes.[16] La veneración a la muerte en México data de tiempos prehispánicos. Lo que no queda claro es si el culto presente de la Santa Muerte deriva directamente de la veneración prehispánica. Según algunas versiones el culto ahora identificado con la Santa Muerte fue originado en Hidalgo en 1965.[17] Sin embargo, en el libro The Children of Sanchez del antropólogo estadounidense Oscar Lewis publicado originalmente en 1961 ya se hace una mención a este culto en el barrio de Tepito (Lewis 290).[18]

Por su parte, una vertiente del culto a la muerte se ha llevado a cabo en Nuevo México, Estados Unidos,  al menos desde mediados del siglo XIX. La representación novomexicana de la muerte, la llamada doña Sebastiana, se ha encontrado ahí en pequeñas figuras de madera que datan de hace más de ciento cincuenta años. Estas representaciones usualmente muestran a la muerte montada en una carreta con un arco y una flecha, una posible alusión al martirio de San Sebastián pero también a la manera en que llegaba la muerte en el Nuevo México del siglo antepasado: a manos de los apaches y otros grupos indígenas que manejaban el arco y la flecha como armas de uso común (Castro 2001:87).

Para Claudio Lomnitz el resurgimiento del culto de la Santa Muerte está ligado al fenómeno de la globalización (Lomnitz 2006: 54). El mismo Lomnitz, citando un trabajo de Serge Gruzinski, presenta como posible origen las cofradías religiosas coloniales que se convirtieron en sectas secretas (Lomnitz 2006: 219). Un segundo posible origen que Lomnitz postula es en el culto de San Pascual Baylón, quien era representado en Chiapas y Guatemala con la figura de la muerte: “Parece enteramente posible que el culto de la Santísima Muerte, que llamó la atención del público de la ciudad de México aproximadamente en el año 2000, sea realmente una evolución de aquel.” (Lomnitz 2006: 462-263).

De acuerdo al estudio de Araujo Peña et al el culto a la Santa Muerte en el México central ha sido asociado desde el principio a personas al margen de la ley, aunque luego se extendería a otros sectores: “Incluso, la devoción a ‘La Flaca’ se ha convertido en algo popular dentro de la élite política y empresarial. Aquellos que acuden a su altar la veneran como si fuese una santa, persignándose y rezándole para que se cumplan sus peticiones.”[19] Como en el caso de Malverde el culto a la Santa Muerte conlleva un estigma para buena parte de la población que ve con desconfianza el desarrollo de estas prácticas religiosas. En este sentido es difícil saber qué tanto ha penetrado este culto en estratos socio económicos superiores. Es muy probable que mucho de esta práctica se lleve a cabo en la secrecía, como una cripto religión.

Del centro del país el culto de la Santa Muerte se ha extendido rápidamente hacia el Norte y ahora se cuentan por docenas las capillas dedicadas a ésta en ciudades como Tijuana y Nuevo Laredo. Por lo pronto ya hay varios corridos dedicados a ella, siendo quizá el compuesto por Beto Quintanilla el más famoso de todos. Este tema ha sido grabado por varios artistas además de Quintanilla. En “La Santísima muerte” el corridista alude a la expansión del culto entre diversos grupos – incluyendo la clase política- pero siempre dejando en primer plano a los “mafiosos”:

Mafiosos y de la ley

se la empiezan a tatuar.

Políticos y altos jefes

hasta le tienen su altar.

Yo le prendo sus velitas

no es un delito rezar.[20]

En años recientes el culto a la Santa Muerte ha continuado incrementando su relación con la narcocultura. Es frecuente al leer reportes de detenciones de narcotraficantes que se incluya la descripción de algún santuario en sus casas o la portación de medallas o estampas de la Santa Muerte. Tan identificado se encuentra este culto con el narcotráfico que los ayuntamientos de Tijuana y Nuevo Laredo han iniciado una campaña de destrucción masiva de sus capillas y santuarios construidas en las orillas de las carreteras. La razón argüida no deja lugar a dudas: es parte del combate al narcotráfico.[21]

Religión y narcocorrido

Si bien hay un obvio elemento religioso en los corridos antes mencionados no podría decirse que sean narcocorridos religiosos per se.[22] Hay, sin embargo, una vertiente de corrido norteño con temática de narcotráfico (el que comúnmente se engloba en el concepto narcocorrido) cuyo propósito implícito es hacer labor de proselitismo religioso,  convertir a los oyentes al cristianismo. Fuera del contexto más comercial de la industria de la música norteña hay una pléyade de intérpretes de narcocorrido cristiano. Pero también algunos grupos norteños populares han transitado por esta modalidad.[23] Un temprano ejemplo de lo anterior lo tenemos en uno de los grupos más representativos del narcocorrido y del corrido en general: Los Tigres del Norte, quienes han sido, sin duda alguna, los revitalizadores del corrido con temática de narcotráfico a partir del último tercio del siglo XX.

En la historia de éste grupo la música religiosa ha sido una esquina opuesta donde refugiarse para alejarse del narcocorrido. En efecto, tratando de tomar distancia del corrido de narcotráfico y narcotraficantes al inicio de la década de 1980 Los Tigres recurrieron a la música cristiana para alejarse de la imagen que éste les daba. En una entrevista con el investigador del narcocorrido Elijah Wald el líder de la agrupación Jorge Hernández narró que recibía cartas de gobernadores mexicanos pidiéndole que no interpretaran temas de traficantes cuando actuaran en sus estados.[24] En vista de esa presión cuenta Hernández que decidió darle un giro a su música: “ahí fue cuando yo pensé, ah caray, tengo que cambiar, no me puedo quedar cantando esto, porque mañana o pasado se me va a acabar y grabé canciones religiosas, ‘Un día a la vez’. Cambié todo el panorama, precisamente por eso.”[25] El álbum de Un día a la vez grabado en 1981 fue seguido por otro de esa misma tónica titulado Padre nuestro.[26] Después de estas grabaciones Los Tigres regresaron a una lógica comercial y grabaron producciones con corridos dedicados al emigrante (Jaula de oro, El otro México, Gracias América) para regresar triunfalmente unos años después al narcocorrido con el álbum Corridos Prohibidos que incluyó éxitos como “La Camioneta gris”, “R-Uno” y “La Mafia muere”.[27]

Hay, como dije antes, intérpretes que practican de tiempo completo la música cristiana en versión norteña. Lo que hacen éstos es abrazar el género (o algunas particularidades de éste) para re significar el narcocorrido como un mecanismo de alabanza a Jesucristo. Algunos de los grupos y corridos abrevan de la intertextualidad con la música norteña secular. Es decir, hay una relación identataría (aunque no particularmente paródica) entre bandas musicales religiosos y sus contrapartes seculares. Así, a la par de grupos como Los Tremendos Gavilanes y K-paz de la Sierra surgen las versiones cristianas: Los Tremendos Galileos y Capaz de la Iglesia. Por su parte, los Cadetes de Linares tienen su contraparte en Los Patriarcas de Linares y en Los Kadetes de Cristo mientras que Chalino Sánchez la suya en Chelino y los comandos de Cristo.

En las versiones cristianas del narcocorrido que producen algunos de estos intérpretes también encontramos personajes icónicos de la narcocorridística “secular” que aparecen “convertidos”. A Camelia “la tejana”, protagonista del corrido “Contrabando y traición” y de múltiples secuelas se le canta en la “narcocorridística” cristiana con un final diferente al de venganza y muerte del corrido original, uno que la convierte al cristianismo en el año de 1977:

Año del setenta y siete

testimonio escribían.

La conversión de una dama

que en la mafia se envolvía.

Camelia así la llamaban

los narcos y policías.[28]

“Contrabando y traición”, el corrido original donde por primera vez apareció el personaje de Camelia “la tejana,” fue compuesto por Angel González a inicios de los años setenta, grabado en el año 1972 por Joe Flores.  Luego Los Tigres del Norte harían su versión que se convirtió en un éxito a nivel internacional.[29] En este corrido acontece la muerte de Emilio Varela a manos de Camelia cuando traiciona el amor de ésta diciéndole que se va a ir con otra mujer:

Emilio dice a Camelia

hoy te das por despedida.

Con la parte que te toca

tú puedes rehacer tu vida.

Yo me voy pa’ San Francisco

con la dueña de mi vida.

Esa traición debe ser el trauma al que se refiere la versión cristiana de Camelia (“Corrido de Camelia”) en el sexteto siguiente y que explicaría su odio por los hombres:

Era el terror de los hombres,

de cuantos la conocían.

Hacía su propia justicia

por un trauma que tenía.

Por donde quiera hay testigos

cuando sin Cristo vivía.

Un corrido cristiano como éste por supuesto no se explica sin la conversión que es el fin y propósito de muchos de los narcocorridos religiosos; poder mostrar la posibilidad y beneficios de un cambio de vida:

Pero Dios cambió su vida

cuando menos lo esperaba.

Hoy predica a Jesucristo

por donde quiera que anda.

Ya no es aquella Camelia

que en el mundo traficaba.

A pesar de su vida criminal extrañamente al ser apresada sólo estuvo en la cárcel unos pocos días. Esto fue, según el corrido, gracias a la protección divina. Esta muestra de impunidad es común en la narcocorridística cristiana, la protección “divina” libera de la responsabilidad de acatar las leyes terrenales. Más adelante veremos otro ejemplo de impunidad que permite burlarse de las leyes de los hombres. Si algo queda claro en la sexteta que sigue es la complicidad de “dios” para conseguir la impunidad aun cuando se es culpable:

Por esos mismos motivos

a la cárcel la llevaron.

Nunca perdió la confianza

que Dios estaba a su lado.

Sólo estuvo trece días

pues nada le comprobaron.

Aparentemente la confesión de sus culpas a las autoridades nunca fue una opción verdadera. Muchas de otras narrativas cristianas narcocorridísticas inician como un narcocorrido convencional para después llevar el mensaje de conversión: si los peores criminales pueden cambian su destino entonces hay esperanza para el resto.

Así como sucede con el narcocorrido secular su contraparte religiosa es también un fenómeno trasnacional. En Centro América hay intérpretes como Oscar Ovidio, que ejecutan estos corridos con la instrumentación y vestimenta clásica norteña. En una de sus canciones, “El corrido de Coachete”, Ovidio cuenta la historia de un criminal en El Salvador que junto a otro sujeto apodado “El Hitler” eran famosos por sus fechorías: “conocidos por la gente pero por hacer el mal.” De acuerdo al corrido, estos sujetos actuaban en la mayor impunidad: “En el salvador hacían / lo que la gana les daba.”[30] Delinquían sin temor a que nada les pasara pero, de acuerdo al corridista, Dios oyó sus bravuconadas e hizo que la policía los detuviera:

Dios puso a la policía

pa’ detener a la banda.

Su plan era muy perfecto

pues a Coachete amaba.

Lo llevaron a prisión

para darle una lección.

El corrido finaliza narrando la sorpresa de la gente cuando al salir Coachete después de cumplir su sentencia lo vieron “predicando la verdad”:

Por el Salvador y Honduras

y Guatemala también.

Y en los Estados Unidos

predica esa gran nación,

que en Cristo sí hay perdón,

también hay salvación.

En el corrido anterior los criminales hicieron las paces con la sociedad purgando su condena y al mismo tiempo encontraron su llamado religioso. Hay, sin embargo, ejemplos – como el ya mencionado corrido cristiano de Camelia – donde se busca evitar la justicia de los hombres incluso después de la conversión religiosa. El corrido “Me Busca la Ley” trata de un protagonista que se ha convertido al cristianismo pero que no ha pagado sus deudas con la sociedad, y lo que es más, no parece dispuesto a entregarse a la justicia:

Me anda buscando la ley

por delitos cometidos.

Saben que soy hombre malo

y antes era asesino.

Pero Dios me ha perdonado

y estoy muy arrepentido.[31]

Al parecer también como sucedió en el corrido cristiano de Camelia la Tejana este arrepentimiento no es lo suficientemente grande como para querer pagar sus culpas en el marco convencional del sistema de justicia secular. Lo suyo es una suerte de “borrón y cuenta nueva” de un “si Dios me perdonó no me importa nada más.” El corrido adolece además de una falta de lógica pues si bien dice que en el pasado fue asesino y que hoy está arrepentido se sigue caracterizando como un hombre malo en el “presente” (“Saben que soy hombre malo”). En un alarde común de la narcocorridística secular que enuncia la complicidad, protección y amistad de la gente poderosa del narcotráfico y del gobierno el sujeto del enunciado en “Me busca la ley” presenta a Jesucristo como su protector, como una suerte de “jefe de jefes”:

El gobierno me persigue

por todito el mundo entero.

Tengo muchos enemigos

antes yo mataba a sueldo.

Les voy a dar la sorpresa;

hoy predico el evangelio.

La siguiente sexteta reafirma la idea anterior haciendo aún más ostentación de la impunidad que es omnipresente en el narcocorrido “secular”:

Yo sé que la ley me busca

y también mis enemigos.

Están muy llenos de odio,

quieren acabar conmigo.

Pero Jesús me protege

y estoy muy agradecido.

Dejando a un lado la obviedad religiosa de que sus enemigos están “llenos de odio”, esta sexteta tan sólo hace una transposición de “capos” donde a “Dios” se le da el papel del más poderoso “jefe de jefes”; empero la lógica de impunidad es la misma.

Conversiones musicales

El cantante Nicodemo Mejía sufrió un proceso de conversión similar al que describen algunos de los corridos antes citados. En 1997 se inició en la música sinaloense como vocalista de la exitosa banda Mazatlán en la que continuó tres años hasta que decidió redirigir su carrera hacia la música cristiana interpretada con banda y grupo norteño. Así describe su conversión: “duré tres años cantando en el ámbito secular y a partir del año 2000 nace una inquietud dentro de mi corazón por cambiar el estilo de música de banda sinaloense a programar música cristiana, dentro del mismo estilo en el cual yo trabajaba.”[32] Uno de sus narcocorridos más populares lleva por título “El tráiler blanco”.  Este título nos remite de inmediato a narcocorridos paradigmáticos como “La banda del carro rojo”, “La camioneta gris”, “La Bronco negra” y otros muchos corridos con título de automóviles:

Un tráiler de color blanco

con placas de Nuevo León,

en Patzcuaro Michoacán

don Rito lo contrató.

Lleva estas ollas de barro

a Cadereyta, Nuevo León.[33]

Como en prácticamente todo corrido con título de auto, la travesía tiene peligros y aventuras muy al estilo cinemático del “road movie”. En este caso el tráiler blanco es interceptado por la Judicial Federal:

Iban cruzando Morelia,

la federal los paraba.

El comandante Peralta

las ollas les revisaba.

Encontró que iban repletas

de purita mariguana.

Al contrario de otros corridos del tipo, en el reten no hubo ni enfrentamiento ni arreglo con las autoridades. No hubo tampoco una persecución al estilo de los narrados en corridos como “La camioneta gris”. El retén funcionó, los traficantes fueron aprehendidos y la droga confiscada. La médula emocional del corrido no es este momento de la detención. El corrido, empero, enfatiza la importancia del decomiso que catalogan como uno de los más cuantiosos de ese año:

La voz del Sol de Morelia

dió la noticia alarmante.

Más de cuatro toneladas

de aquél famoso enervante.

El corrido continúa anotando que en el año de 1989 éste fue el mayor decomiso de mariguana. Cuenta, además, que fueron arrestados don Rito y catorce traficantes más y que en su proceso se les sentenció más de diez años de prisión. Hasta aquí no hay una gran diferencia entre el desarrollo de este corrido y el de muchos otros de su tipo. Como dije antes, en ocasiones al momento de la detención hay un enfrentamiento a tiros o un arreglo entre los narcos y la policía. En “El tráiler blanco” los narcos fueron encarcelados, lo cual si bien es un desenlace poco usual no desentona drásticamente con el género. A partir de este punto es que este corrido tiene su giro hacia lo verdaderamente inusual. Un año después de caer presos “Un gran milagro ocurrió / un miembro de aquella banda / a Cristo se convirtió.” Eventualmente este miembro de la banda logró convencer al jefe don Rito de que él también se convirtiera al cristianismo:

Le predicó a su patrón

también don Rito aceptó.

Ya convirtiendo la banda

a predicar del señor.

El tráfico quedó atrás.

Ahora son siervos de Dios.

El corrido finaliza contando que algunos miembros de la banda fueron trasladados a las Islas Marías y allá están ahora predicando el evangelio. En este caso la conversión no incluyó la impunidad de las leyes “terrenales”. Los traficantes se convirtieron al cristianismo pero continuaron cumpliendo sus condenas y desde ahí hicieron predica. Lo anterior hace mucho sentido pues las cárceles son lugares idóneos para encontrar pecadores, campo fértil para la labor de proselitismo.

Seguramente el caso más importante de conversión de un exitoso intérprete de música norteña secular a la música norteña cristiana es el de Tomás Ortiz fundador del mítico dueto Los Alegres de Terán. Después de la muerte de Eugenio Abrego en 1988 Tomás,  el sobreviviente de dueto, grabó varios discos compactos de música cristiana con el nombre del paradigmático grupo hasta su muerte acaecida en noviembre de 2007. Pero estos crossovers no sólo se dan desde la música secular hacia la cristiana sino desde diferentes géneros de música cristiana. Es decir, ante la buena recepción de la música norteña cristiana algunos de los intérpretes cristianos de otros géneros han decidido incursionar en ella. Un caso emblemático de lo anterior es el de Stalisnao Marino, intérprete de origen italiano, quien ya estaba consagrado en la interpretación de baladas y bachatas cristianas cuando decidió incursionar en el norteño cristiano. El resultado fue bastante exitoso. Hasta el momento ha grabado dos producciones: Corridos cristianos norteños vol.1 y vol.2. De entre las composiciones de Marino destaca “Emilio el guarura”, un corrido de excelente manufactura que se distancia de los narcocorridos religiosos antes estudiados. En este tema la religión se aborda de manera tangencial.[34] El mensaje religioso no es explícito ni fácil, pero sí efectivo. A diferencia de prácticamente todos los corridos religiosos que he escuchado la única alusión religiosa en éste es la palabra “biblia”. No hay revelaciones divinas ni epifanías. La conversión per se no se da en el protagonista quien al final de su vida sólo atina a aceptar que lo que le sucede es justo, que merece morir asesinado.

El corrido inicia narrando lo que aconteció a medio camino entre las ciudades mexicanas de Tijuana y Mexicali. En las montañas de la Rumorosa Emilio y sus cómplices son emboscados al ir a recoger una “carga”:

De quince quedaron cuatro

cuando fueron sorprendidos

allá por la Rumorosa.

Iban rumbo a Mexicali

a recibir una carga

pero alguien se adelantó.

El enfrentamiento en sí no se narra, tan sólo el desenlace. Lo que sí hace el corridista es proveer la perspectiva que Emilio tiene de sí mismo en su función de pistolero. Emilio se sabe poderoso y temido pero también está consiente que este día le tocó estar al lado opuesto al usual, el de la víctima:

Así fue el final de Emilio

el guarura que decía

no hay más nadie como yo.

Yo tengo mi cuerno ‘e chivo,

estoy armado hasta los dientes

y tengo fama de matón.

El desenlace se da de manera casi inmediata, sugiriendo una lógica del crimen realista que no presenta finales felices ni épicos:

Que triste es morir sufriendo

viendo al enemigo riendo.

Me hicieron lo que yo hacía,

me pagaron justamente.

De manera simple y directa el corridista coloca al matón en el papel del ajusticiado. Al supuestamente narrar el asesinato de manera desprovista de emoción Marino logra el efecto contrario, es decir carga de humanidad el acto de ser asesinado. La efectividad del corrido radica en la naturalidad con que se presenta la consecuencia de la maldad. El desenlace es simple:

El que a hierro mata a hierro muere.

Lo dice la Biblia

y Emilio el guarura lo comprobó.

Conscientes de que los corridos y narcocorridos cristianos son controversiales los promotores y productores de esta música la apropian, resignifican y justifican. La popularidad del narcocorrido le permite ser un género poli funcional. A pesar del estigma asociado al consumo de esta producción cultural es tanta su diseminación y popularidad que éste se adopta como un medio para diseminar diversos mensajes, en ocasiones encontrados. Los intérpretes de corridos religiosos con temática de drogas y narcotraficantes usan el molde y elementos del narcocorrido secular remplazándolos con otros más acordes con su mensaje. Si en muchos de los narcocorridos seculares se juega con la idea de un jefe de jefes, un gran jefe intocable y todo poderoso, lo que hace el narcocorrido religioso es otorgar esa posición a Jesucristo. Las metáforas bélicas seculares se transforman en metáforas bélicas religiosas (i.e. Los Comandos de Cristo, Los Kadetes de Cristo). Las bandas criminales se transforman en grupos proselitistas. Todos tienen su contraparte, usualmente dotado con un signo positivo. La compañía Directo de cielo que vende esta música por internet, está muy consciente de lo anterior y responde así a la pregunta que ellos mismo se hacen: “¿Quién dijo que no se valía? El género musical con el que nos identificamos todos los latinos ahora con el mensaje más pesado, el Mensaje de la Cruz.”[35]


Notas

[1] El Crimen del padre Amaro. Dir. Carlos Estrada, 2002.

[2] Carlo Fazio. “Polémica con la Iglesia en México por narcolimosnas.” Clarín del 25 de septiembre de 1997. Página web consultada el 7 de abril de 2009.

<http://www.clarin.com/diario/1997/09/25/i-03801d.htm >

[3] Arturo Rodríguez García. “Las narcolimosnas.” Proceso. Página web consultada el 29 de mayo de 2009. <http://www.proceso.com.mx/noticias_articulo.php?articulo=58668 >

[4] Martín Diego Rodríguez y Gabriel León Zaragoza. “No se lava dinero aunque se quiera emplear en obras.” La Jornada del 7 de abril de 2008. Página web consultada el 7 de abril de 2009. <http://www.jornada.unam.mx/2008/04/07/index.php?section=politica&article=014n2pol >

[5] Alberto Najar. “Historias de curas y narcos, los templos del dinero sucio.” La Jornada del 9 de noviembre de 2003. Página web consultada el 5 de abril de 2009.

< http://www.jornada.unam.mx/2003/11/09/mas-dinero.html>

[6] Esta es la versión que Jorge Carpizo Macgregor y Julián Andrade postulan en su libro Asesinato de un Cardenal: Ganancia de pescadores.

[7] Sin embargo, la también llamada “Blanca niña” está cada vez más presente en la narcocultura del norte y su frontera.

[8] La relación no es sólo en su actividad bandolera y su supuesta generosidad con los pobres. Hay semejanzas también en la manera en que mueren, traicionados por un amigo que desea cobrar la recompensa que se ofrece por su cabeza.

[9] Algo semejante ha ocurrido con la figura de Juan Soldado, el santo laico tijuanense, a quien usualmente se le asocia con la protección de indocumentados. De acuerdo a Grifith, la figura de Juan Soldado también ha comenzado a ser asociada a la protección de los narcotraficantes. (Grifith 2003: 41)

[10] Luis Omar Montoya Arias. “Jesús Malverde.” Página web consultada el 5 de abril de 2009. <http://www.palabrasmalditas.net/portada/content/view/987/2/>

[11] Chalino Sánchez. “El bandido generoso.” El bandido generoso. Musart, 1992. Disco compacto.

[12] Según Kristin Gudrun Jonsdottir: “En lo que se refiere a la temática de los corridos sobre Malverde se puede decir que hay dos ramas: Corridos – a secas- y narcocorridos; es decir, los corridos ‘religiosos’ e históricos y los que tocan temas relacionados con el mundo del tráfico ilegal donde el santo puede tener un papel principal o secundario.” (Gudrun Jonsdottir 2006: 29)  

[13] Julio Chaidez. “Corrido de Malverde.” MUSICA.COM. Página web consultada el 10 de mayo del 2007. <http://www.musica.com/letras.asp?letra=888022&gt;

[14] Los Cadetes de Linares. “Jesús Malverde.” 4 décadas de corridos. Univisión, 2008. Disco compacto.

[15] Los Cuates De Sinaloa. “Mi Santito Preferido.” Mi santito favorito. Sony, 2008. Disco compacto.

[16] “Algunos creen que los cuida la Santa Muerte.” El Universal del 23 de junio de 2009.  Página web consultada el 5 de abril de 2009.  <http://www.eluniversal.com.mx/nacion/169192.html>

[17] Araujo Peña et al. “El culto a la Santa Muerte: un estudio descriptivo.” Página web consultada el 5 de abril de 2009.  <http://www.udlondres.com/revista_psicologia/articulos/stamuerte.htm>

[18] En este estudio la Santa Muerte era invocada para atraer maridos extraviados.

[19] Araujo Peña et al. “El culto a la Santa Muerte: un estudio descriptivo.” Página web consultada el 5 de abril de 2009.  <http://www.udlondres.com/revista_psicologia/articulos/stamuerte.htm>

[20]  Los Creadorez del Pasito Duranguense. “La Santísima Muerte.” En vivo desde Durango. Disa, 2009. Disco compacto.

[21] “Destruyen capillas de la Santa Muerte y Malverde”. El Universal del  22 de marzo de 2009.  Página web consultada el 29 de mayo de 2009.  < http://www.eluniversal.com.mx/notas/585621.html >

[22] Para ver estudios sobre el origen y desarrollo del narcocorrido consultar Ramírez-Pimienta 2004,  2010, Wald 2000 y Valenzuela Arce 2002.

[23] En el caso brasileño tenemos un ejemplo de música con temática de narcotráfico y narcotraficantes que re significan símbolos religiosos.  Ver el ensayo de Paul Sneed “Bandidos de Cristo: Representations of the Power of Criminal Factions in Rio’s Proibidão Funk.”

[24] Elijah Wald. “Jorge Hernandez interview.” Página web consultada el 10 de mayo del 2007. <http://www.elijahwald.com/jhernan.html>

[25]  Elijah Wald. “Jorge Hernandez interview.” Página web consultada el 10 de mayo del 2007. <http://www.elijahwald.com/jhernan.html>

[26] Un día a la vez. Fonovisa. 1981. Álbum. Padre nuestro. Fonovisa. 1982. Álbum.

[27] Jaula de oro. Fonovisa. 1983. Álbum. El otro México. Fonovisa. 1986. Álbum, Gracias América. Fonovisa. 1986. Álbum.  Corridos Prohibidos. Fonovisa. 1989. Álbum.

[28]  Grupo Juda. “Corrido de Camelia”. Corridos II. Lion, 2000. Disco compacto.

[29] Contrabando y traición. Discos Fama, 1974.  Álbum.

[30] Oscar Ovidio. “El corrido de Coachete.” Página web consultada el 5 de abril de 2009.    <http://letrasyacordes.net/cancion/41683&gt;

[31] La Tribu de Juda. “Me Busca la Ley.” Obtenido de Youtube.com. Página web consultada el 10 de mayo del 2007. <http://www.youtube.com/watch?v=GMX6S_ZpFec&feature=related>

[32] Información del artista. Página web consultada el 10 de mayo del 2009.

<http://www.myspace.com/nicodemomejiaysubandafuentedevida>

[33] Nicodemo Mejía y su Banda Fuente de Vida. “El Tráiler blanco.” 

Youtube.com. Página web consultada el 5 de abril de 2009. <http://www.youtube.com/watch?v=0YkuTCPMRek >

[34] Stanislao Marino. “Emilio el guarura.” Corridos cristianos norteños vol. 2. Multimedia Productions. 2004. Disco compacto.

[35] directodelcielo.com.  Página web  consultada  el  29  de  junio de 2009. <http://directodelcielo.homestead.com/Corridos/Promo1.html>

Obras citadas

Araujo Peña et al. “El culto a la Santa Muerte: un estudio descriptivo.” Página web

consultada el 5 de abril de 2009.  <http://www.udlondres.com/revista_psicologia/articulos/stamuerte.htm>

Astorga, Luis. Mitología del traficante en México. México: UNAM / Plaza y Valdés,

1995.

Avitia Hernández, Antonio.  El corrido histórico mexicano. 5 vols. México: Porrúa, 1997.

Blancornelas, Jesús. El cartel. México: Random House Mondadori, 2004.

Carpizo Macgregor, Jorge y Julián Andrade. Asesinato de un Cardenal. Ganancia de

pescadores. México: Aguilar, 2002.

Castro, Rafaela. Chicano Folklore. Nueva York: Oxford University Press, 2001.

García, Luis Antonio. “Malverde leyenda de un bandido milagroso.” Crónicas. 1.1.

(2002): 1-21.  

Estrada, Carlos dir. El crimen del padre Amaro. Alameda Films, 2002. Film.

Griffith, James.  Folk Saints of the Borderlands. Tucson: Rio Nuevo, 2003.

Gruzinski, Serge. “Indian Confraternities, Brotherhoods and Mayordomías in Central

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Jonsdottir, Kristin Gudrun. “De bandolero a ejemplo moral: Los corridos sobre Jesús
               Malverde, el santo amante de la música.” En Studies in Latin American Popular 
               Culture.  XXV. (2006): 25-48.           

Lewis, Oscar. The Children of Sanchez.  Nueva York: Random House, 1961         

Lomnitz, Claudio. Idea de la muerte en México. Fondo de Cultura Económica, 2006.        

Mendoza, Vicente T.  Lírica narrativa de México. El corrido. México: Universidad

Nacional Autónoma de México, 1964.

Ramírez-Pimienta, Juan Carlos. “Del corrido de narcotráfico al narcocorrido: Orígenes y

desarrollo del canto a los traficantes.”En Studies in Latin American Popular

Culture. XXIII. (2004): 21-41.

—. “En torno al primer narcocorrido: arqueología del cancionero de las drogas.” A

Contracorriente: Journal of Social History and Literature in Latin America. Vol.

7, No. 3 (Spring 2010): 82-99.

Sneed, Paul. “Bandidos de Cristo: Representations of the Power of Criminal Factions in

Rio’s Proibidão Funk.”  Latin American Music Review.  Vol. 28, No 2, pp. 220-241, 2007.

Valenzuela Arce, José Manuel. Corridos y narcocultura en México. Plaza y Janés,

 2002.

Wald, Elijah.   Narcocorrido: Un viaje al mundo de la música de las drogas, armas, y

guerrilleros. Nueva York: Rayo, 2001.

—. “Jorge Hernandez interview.” Página web consultada el 10 de mayo del 2007.

<http://www.elijahwald.com/jhernan.html>

One comment

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