Pan y Circo: Volvieron Los Tigres al Coliseo

 

Una crónica del concierto de Los Tigres del Norte en Colombia, hecho por la investigadora colombiana, Katerin Ortiz Morales.

Pan y Circo: Volvieron Los Tigres al Coliseo

Por: Katerin Ortiz Morales “tata”

corridos719@hotmail.com

 

Se ha congregado el pueblo en el interior del coliseo para verlos de nuevo, corean sus nombres y solo esperan su salida.

 

Es temprano en la fría Bogotá, parecen ser las 4:30pm, llueve pero esa llovizna no molesta al espectador que ingresa al cubierto recinto para ver un espectáculo especial. Sale el primer gladiador un hombre sencillo y sin mucho nombre, logra entretener a la multitud que sabe bien qué pagó por ver, su nombre Arquímedes Ortiz, el pueblo quien es el mismo César entre vitoreos y gritos de alegría no dejan que el valiente muera en el intento de divertir al exigente público colombiano. Su turno acaba y entra otro personaje que sin ser un experto resulta ser más familiar con los amantes del género popular, sus armas son excelentes interpretaciones del Grupo Exterminador, Marco Antonio Solís y otros artistas que han sido ídolos entre las multitudes latinas. El público con su aplauso salva a Gerardo Amado y aunque no sale mal herido, sabe que puede mejorar.

 

La tarde empieza despedirse y con la luna llega esa bella noche que cubre la capital colombiana. Los ánimos se calientan el público quiere más nivel, gritan el nombre de uno de los mejores artistas del género popular en Colombia, quien más sino Giovanny Ayala, sus baladas que han sido la banda sonora de rompimientos y reconciliaciones empiezan a retumbar entre los espectadores, quienes responden cantando con el dolor y el amor que está inmerso en cada uno de los temas: De rodillas, Se la robe y me la robaron, Hermanos de que, son sólo una muestra de lo que los enamorados y despechados escucharon en este concierto. Finalmente no se podía ir sin dejar un mensaje contundente entre los espectadores: El que se enamora pierde. Con el pulgar del público hacia arriba Giovanny se baja de la tarima, dejando un buen ambiente para el recibimiento del show central de la noche.

 

Qué hubiese sido la historia del coliseo sin los tigres, sin esas fieras que divirtieron al pueblo durante años. Las más de 10.000 personas que estaban en el lugar gritaban en un solo coro TIGRES, TIGRES, TIGRES, TIGRES… querían verlos en escena. Definitivamente los tigres no son como los pintan, estas cinco fieras traídas del norte arribaron al coliseo con trajes azules y haciendo alusión a su lugar de origen en la parte trasera de sus chaquetas, completamente preparados para dar un buen espectáculo; pues si bien al pueblo hay que darle pan y circo, en Colombia no estamos quedando sin pan, entonces lo que nos queda es tener un buen circo. Empieza el show y solo son ellos enfrentados a sus fanáticos, la magia del espectáculo llena el lugar: las lágrimas, los gritos y la emoción se mezclan para compactar un ambiente perfecto.

 

Como es costumbre el pueblo grita y hace llegar a los mexicanos, lo que quiere ver, lo que quiere escuchar; pues aquellos intérpretes han venido a complacer a su pueblo, a su raza. Los trozos mordisqueados de papel empiezan a llegar a la tarima ubicada en uno de los costados de la circunferencia del coliseo. Saludos para fulano, sutano, megano, perecejo y demás, fueron el deleite de los espectadores que emocionados esperaban una mención en las voces de sus ídolos.

La noche avanzaba y los sonidos no paraban, todos quienes estaban en el lugar se dejamos llevar en aquel Carro Rojo, que se detuvo para mostrar que en su interior llevaba Pacas de a Kilo. Cuando menos se esperaba los tigres iban conduciendo La Camioneta Gris,  llegaron a La Granja y ahí presentaron a los espectadores a los simpáticos Pedro y Pablo. El tiempo dio espacio para recordar aquella Muerta Anunciada, que dejó a muchos colombianos con Golpes en el corazón. Los ánimos no paraban. realmente la gente quería conocer a la famosa Reina del sur y a la bella contrabandista de Texas que recibió una traición de su gran amor. Las melodías no pararon en estos títulos, este show que duro más de dos horas fue el deleite de los asistentes dejándolos completamente felices con la presentación de los Jefes de jefes. Como el coliseo romano, sobre la arena quedaron los cuerpos de Emilio Varela, Pablo Escobar y las siete cruces que se irán con Lino al infierno. Estos tigres que salieron de su Jaula de Oro, le demostraron a sus fanáticos con su sencillez que no son fieras, dejaron ver entre saludos, fotografías y autógrafos, que los tigres son tiernos gatos pero más grandes.

 

Desde hace siete años Los Tigres del Norte no pisaban suelo colombiano y a falta de un concierto, hicieron 3. De estas presentaciones se llevaron gratos recuerdos y la satisfacción de cantarle al pueblo colombiano los temas que los han hecho grandes. Jorge, líder vocal del grupo comentó después de su concierto en el coliseo que la similitud entre el pueblo colombiano y el mexicano hace que las letras que interpretan lleguen al corazón de sus fanáticos, después de todo el coliseo nunca quedo en silencio con las canciones del conjunto sinaloense pues si bien al César le corresponde todo lo que es del César a los Tigres les corresponde todo lo que es del Pueblo.

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