Jenni Rivera y el narcocorrido

Hace unos meses publiqué un artículo sobre las mujeres en el narcocorrido, “Sicarias, buchonas y jefas: perfiles de la mujer en el narcocorrido.’

http://spanish.colorado.edu/sites/default/files/images/stories/pdf/colorado_review_pdfs/Volume_8/pimienta.pdf

Ahí dediqué este fragmento a Jenni Rivera (qdep):

El “feminismo” de Francisco Quintero llamó la atención de una cantante que recién iniciaba su carrera en Los Angeles, California. Si bien no tenía gran trayectoria como intérprete de corridos Jenni Rivera sí tenía el “linaje” y los contactos adecuados pues su padre, Pedro Rivera, había sido instrumental en el renacimiento del narcocorrido en California a finales de la década del ochenta y principios de la siguiente como productor de importantes figuras como Chalino Sánchez, Canelos de Durango y Los Razos, entre varios otros. Antes de Jenni Rivera realmente no había habido mujeres que hicieran carrera grabando narcocorridos.  Habían grabado corridos con temática de narcotráfico o narcotraficantes las ya mencionadas Dueto Amapola,  Las Potranquitas y otras como Las Marquesitas del Norte y la popular “Alondra de la frontera” Lydia Mendoza que habían grabado “Carga blanca”.1 La censura y autocensura cultural seguramente fue un factor importante en este vacío que Jenni supo identificar y llenar. Considero que clave importante de lo anterior es el hecho de que si bien ella nació en México la mayor parte de su vida ha transcurrido en Estados Unidos donde menos “territorios” continúan siendo tabúes para la presencia femenina.  La estrategia le redituó mucho éxito a Rivera quien además de popular cantante es una inteligente mujer de negocios respaldada por una educación formal como licenciada en administración de empresas. En efecto, como un testamento de su perseverancia, talento y capacidad para crearse un público fiel podemos decir que Rivera es una de los pocos artistas de la llamada música regional mexicana que surgieron en California tras la muerte de Chalino Sánchez que aún siguen vigentes. No es mala cantante pero fue su capacidad de llegarle a su público lo que la distinguió de muchos otros artistas, quizás sean más dotados vocalmente pero que prácticamente han desaparecido del firmamento artístico californiano mientras que Jenni, al contrario, internacionalizó su carrera.

Jenni Rivera La Chacalosa

Un poco antes que Los Tigres grabarán “También las mujeres pueden” Jenni hizo lo propio pero implementando pequeños, aunque importantes, cambios al corrido.  Ahora la enunciación no era la de un hombre sino la de una mujer, empero, la medida de la valentía seguía siendo lo masculino. La sextilla de la izquierda es la interpretada por Los Tigres del Norte y la otra por Jenni Rivera. Como se ve los cambios son pequeños pero significativos:

También las mujeres pueden
aunque nos duela aceptarlo.
Lo digo aquí y donde quiera
porque pude comprobarlo,
que como un hombre se mueren
y eso no hay que dudarlo.

También las mujeres pueden
aunque les duela aceptarlo.
Lo digo aquí donde quiero
porque puedo comprobarlo.
Como los hombres morimos.
Esto nunca hay que dudarlo.

En esa misma producción de 1995 extrañamente titulada Jenni Rivera y sus mejores 17 éxitos incluyó “La Chacalosa”, un narcocorrido de su autoría, posiblemente el primer narcocorrido escrito por una mujer.2 En “La Chacalosa” el sujeto del enunciado es una joven hija de un importante narcotraficante a quien le han heredado el negocio ilegal.  Al inicio la voz del enunciado deconstruye la condición estereotípica femenina:

Cuando cumplí los quince años
no me hicieron quinceañera.
Me heredaron un negocio
que buen billete me diera.

En tiempos cuando algunas jóvenes optan por tener de regalo un viaje o un auto en lugar de la ceremonia y fiesta de quince años el sujeto del enunciado va mucho más allá y recibe de regalo un emporio del narcotráfico.  Sin embargo, al final del corrido hay una reapropiación de la feminidad estereotípica de la protagonista quien dice ser una potranca “fina y coqueta” y termina mandando un saludo a los lugares locales de recepción narcocorridística, algunos de los centros de espectáculos de música mexicana más conocidos en la región de Los Angeles:

En el famoso Parral,

el Farallón y La Sierra.
También allá en El Rodeo
me conocen dondequiera.
Por ahí nos estamos viendo

linda raza periquera.

Hay un capital simbólico al mencionar estos lugares que fueron emblemáticos en la resignificación del narcocorrido a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa de siglo pasado. Desde estos sitios y con producciones como En vivo desde el Farallón Chalino Sánchez le cambió las señas de identidad al corrido mexicano convirtiendo la región de Los Ángeles en su epicentro. Asimismo, siendo el sujeto del enunciado (La Chacalosa) una narcotraficante no resulta raro entonces que al final les mande un cariñoso saludo a sus clientes potenciales, los consumidores de cocaína, es decir la “raza periquera.” En este momento de su carrera Rivera es una artista mayormente regional, su público, en buena medida,  son las personas que patrocinan estos centros nocturnos.

En su siguiente producción Jenni ya se anuncia como “La primera dama del corrido”.  El tema que da nombre al disco compacto es “Reina de reinas”, una composición de Vicente Estrada:

Yo soy la reina de reinas

y soy del mero Jalisco.
Mi corona es de la blanca,

de esa que llaman perico.
Y la cargo a todas partes,

no le sacateó al peligro.

En la producción Jenni incluye “El orgullo de mi padre” una composición propia con prácticamente la misma temática que “La Chacalosa”; una hija que hereda el negocio ilícito del padre:

Mi padre quería un hijo

pa’que siguiera el negocio.
Pero ahora está muy feliz

de tenerme como socio.
Ya ve que soy competente

de eso se siente orgulloso.

El corrido muestra un (narco) feminismo al estilo Rivera al reivindicar el derecho de la mujer a ser violenta y de intervenir en el negocio del contrabando:

Unos creen que la mujer

sólo sirve pa’ parir.
Que bueno que yo fui hembra

y les supe demostrar,
que valor también me sobra

y arma puedo portar.

Por su parte, en “La maestra del contrabando” de ese mismo álbum y también de su autoría, Jenni presenta una protagonista alejada de sus anteriores narco composiciones, una mujer que entró al contrabando, pero por necesidad y ya no por herencia ni prebendas:

Ya descubrieron que soy
una dama traficante 
que entró al negocio prohibido
para salir adelante.
Y todo porque sus hijos
se estaban muriendo de hambre.

El corte que cierra esta producción es también composición de Rivera. “Las Cachanillas” es su primer narcocorrido escrito en tercera persona y cuenta la historia de dos mujeres de Mexicali que viajan en su auto a Sinaloa a comprar droga y al regresar a la frontera son detenidas por la policía federal de caminos. El tema muestra a sus protagonistas como mujeres decididas, que no vacilan en usar la violencia:

Cecilia con una súper

luego empezó a dispararles.
Patricia era la chofer,

iba al frente del volante.
Le metió la chancla al carro

no paró hasta Mexicali.

Al tiempo que reafirmaba su imagen narcocorridística Jenni seguía con su faceta más romántica. Esta es una estrategia empleada por muchos intérpretes de narcocorridos. En una misma producción mezclan temas románticos y rítmicos con narcocorridos o en ocasiones sacan a la luz dos producciones simultáneas, una con narcocorridos y otra con temas que puedan promocionar en programas televisivos y radiales donde los narcocorridos son vetados.  Ese mismo 1999 Rivera sacó el disco compacto titulado Si quieres verme llorar, con canciones románticas y rítmicas, alejadas de la violencia del narcotráfico.

Al siguiente año volvió a grabar “La Chacalosa” en la producción así titulada donde también incluyó una nueva versión de “También las mujeres pueden” además de otro corrido (aunque no narco) de mujeres valientes, “Por una rencilla vieja”, popularizado por Chalino Sánchez como apunté antes.  Hay otro narcocorrido incluido en La chacalosa; “La perra contrabandista” no está dedicado a una persona sino a una perra guardiana que ayuda unos narcotraficantes a escapar de la justicia despistando a la policía.

Que me entierren con la banda, su siguiente disco, fue un tremendo éxito que terminó de consagrar a Rivera en el llamado estilo regional mexicano. Tan parteaguas resultó esta producción que constantemente se le señala como la primera de Jenni Rivera, a pesar de que ya había grabado – entre otras- las producciones que arriba he discutido.  Esta información equivocada aparece inclusive en la página oficial de la artista donde hacen malabares lingüísticos para tratar de explicar las discrepancias en el inicio de la carrera de Rivera diciendo que ésta “empezó a grabar y a jugar con la música en 1993” pero que no fue sino hasta 1999 cuando “hizo su debut discográfico.”3 Lo que sí sucedió a partir de Que me entierren con la banda es la entrada de Rivera en el circuito discográfico internacional al firmar con Fonovisa Records.

Además del tema que titula el disco y que había sido un gran éxito con Antonio Aguilar destacó en la producción el corrido “Las malandrinas”. Con este tema Jenni supo encontrar un punto medio es su enunciación narcocorridística; los protagonistas de “Las malandrinas” no son precisamente narcotraficantes pero sí mujeres jóvenes que se identifican con la narcocultura.

Nos dicen las Malandrinas
porque hacemos mucho ruido,
porque tomamos cerveza
y nos gusta el mejor vino.
En los salones de baile
siempre pedimos corridos.

La identificación es también de clase y étnica; la canción está dedicada a las mexicanas en Estados Unidos con gusto por la cultura popular:

No somos como las popis
que se paran mucho el cuello. 
Nos gusta la rancheada,
de nada tenemos miedo. 
Y le damos gusto al gusto
aunque otras no estén de acuerdo.

A partir de esta producción se va a hacer evidente el distanciamiento de Jenni Rivera del tipo de narcocorrido más explícito que festeja a narcotraficantes y a consumidores de drogas. Volverá a grabarlos en recopilaciones de sus éxitos o discos “en vivo”, pero Jenni ira abandonando su “persona” de narcotraficante aunque seguirá personificando una mujer fuerte.  En retrospectiva podía verse que ya con “las maestra del contrabando” Jenni se había alejado del personaje de la heredera de la mafia que había recreado en sus corridos e incluso en la portada de Reina de reinas.  Más que el temor a repetirse considero que lo que tenía en mente es un proceso de limpia de imagen. No es lo mismo personificar a una joven privilegiada, hija de un gran capo y heredera del negocio que a una mujer que se ve obligada a convertirse en traficante porque sus hijos se están “muriendo de hambre.” Tampoco es igual festejar el narcotráfico, los narcotraficantes y a los consumidores de drogas siendo una figura artística local que formando parte del elenco de disqueras trasnacionales y siendo invitada regular a programas televisivos con audiencia familiar.

Si se es intérprete de música norteña o banda y se quiere tener acceso al circuito de programas televisivos tanto de México como de Estados Unidos se debe cultivar un repertorio de éxitos que vaya  más allá de los narcocorridos, interpretar canciones de amor o desamor y otros temas aptos para todo público. Muchos de los intérpretes de narcocorrido lanzan al mercado producciones que incluyen tanto narcocorridos como otro tipo de canciones. En el caso de grupos como Tucanes de Tijuana lanzan cada año dos álbumes, uno de narcocorrido y otro de canciones. Al acudir a programas de televisión interpretan los temas light y dejan para los conciertos los temas duros. Esta transición no es tan sencilla como pudiera pensarse. Hay cantantes que no pueden lograr de manera exitosa el cambio,  que no consiguen desprenderse de su imagen de intérprete duro y que cuando lo intentan son rechazados por su público.4

Con otro tema, “Chicana jalisciense”, Rivera tratará de explicar aún más su locus de enunciación a su nueva audiencia tanto en México como en Estados Unidos. Jenni se presenta como una chicana con raíces jaliscienses que se atreve a transgredir cantando corridos.

Viva Jalisco y los sonorenses.
Es gente alegre que sabe gozar.
Porque de ahí viene esta hembra valiente
que estos corridos se atreve a cantar:
“Las Malandrinas”, “Reina de Reinas”,
“Mi vida loca” y “La Chaca” también.

Precisamente con temas como “Mi vida loca” Rivera continuará explicando o justificando su manera de ser, ya no desde su “persona” de narcotraficante pero sí como una mujer moderna que disfruta de su vida de la manera en que le place, tomando y escuchando sus canciones favoritas.

Yo seguiré mis parrandas
pidiendo “Un puño de tierra”,
“Que me entierren con la banda”,
y me canten los Rivera.
Yo vivo mi vida loca
aunque así nadie me quiera.

“Mi vida loca” fue un corte incluido en la producción Déjate amar de 2001, también bajo el sello Fonovisa y como parte de la resignificación de Rivera, su alejamiento de la narcocultura más explícita. En este disco lo que abundan son temas de amor y desamor. Los títulos de sus siguientes producciones dejan en claro la nueva dirección más light de su carrera: Se las voy a dar a otro (2001), Live (2003), Homenaje a las grandes (2003), Simplemente la mejor (2004), En vivo desde Hollywood (2006),  Besos y copas en vivo (2006), Mi vida loca (2007), La diva en vivo (2007),  Jenni (2008), Jenni super deluxe (2009) y La gran señora (2010).5 En varios de estos discos volverá a incluir algunos de sus narcocorridos pero sus nuevas interpretaciones contestatarias van a seguir siendo en el tenor de explicación y defensa de sus actos. Con Jenni Rivera sucedió lo mismo que con muchos intérpretes de narcocorridos que iniciaron sus carreras cantando temas muy explícitos y censurables y luego moderaron su discurso al ir obteniendo más popularidad y acceso a los medios masivos de comunicación, conforme empezaron a ser invitados a exitosos programas televisivos de variedad como Don Francisco presenta, El Gordo y la Flaca de la cadena estadounidense Univisión y Hoy de la empresa mexicana Televisa.

Al volverse una intérprete “mainstream”, firmada por compañías trasnacionales como Fonovisa y Univisión Records Rivera tomó distancia de su persona “chacalosa”, de su personificación de mujer traficante que festeja a sus colegas y a los consumidores de drogas, la “linda raza periquera” como los llamó alguna vez.

Notas

1 La grabación de Las Marquesitas del Norte lleva por título “Cuiden su vida” pero se trata de “Carga blanca.”The Arhoolie Foundation Strachwitz Frontera Encyclopedia of Mexican and Mexican American recordings.  Página web consultada el 11 de marzo de 2011. <http://fronteracollection.org/&gt;.

2 Me refiero al título de la producción con extrañeza pues aunque parece anunciar una recopilación de sus éxitos en realidad Rivera apenas iniciaba su carrera.

3[1] Página web consultada el 11 de marzo de 2011. <http://www.jenniriveramusic.com&gt;.

4[1] Ver el caso de Edgar Aguilar “El Narquillo” en mi ensayo “Del corrido de narcotráfico al narcocorrido: Orígenes y desarrollo del canto a los traficantes.”

5[1] Página web consultada el 11 de marzo de 2011. <http://www.jenniriveramusic.com/&gt;.

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