Guillermo Hernández, en memoria.

 

 

Hace diez años falleció el Dr. Guillermo Hernández, profesor de la UCLA y profundo conocedor del corrido. Tuve la gran fortuna de que fuera mi mentor y de que me mostrara el camino para reconciliar las culturas populares con la academia. En 2008 me encomendaron de la revista Aztlan de UCLA editar un pequeño dossier.  Como verán, sus escritos no tienen desperdicio.

 

Guillermo E. Hernández: Una vida dedicada al corrido. (Edited Dossier). Aztlán: A Journal of Chicano Studies. 33.2 (2008).

 

 

El 16 de julio del año 2006 falleció en la ciudad de México Guillermo Hernández quien fungiera como director del  Centro de Estudios Chicanos de UCLA  por una década y quien tanto apoyó la revista Aztlan. Es precisamente esta publicación que me ha encomendado preparar un dossier con algunos textos de Guillermo que reflejan sus intereses académicos.  De todos estos ninguno superó en intensidad y cariño al corrido mexicano y chicano, al que dedicó muchos años de estudio y gozo.

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Como investigador y teórico del corrido Guillermo Hernández lo mismo discurrió sobre el género en su totalidad que sobre un aspecto que pudiese parecer secundario de algún corrido en particular. En Hernández encontramos la combinación del incansable viajero que hacía investigación de campo pero también aquel que no desdeñó lo  que las  nuevas tecnologías proveen, ni mucho menos la reflexión de escritorio: Guillermo dedicó incontables horas a pensar el corrido así como a buscarlo, escucharlo y gozarlo.

Lo que he hecho con los textos a continuación es corregir algunos errores tipográficos y asegurarme de reconstruir el sentido cuando estaba seguro de éste.  El dossier consiste de tres textos: El primero, que es el más extenso y profundo, es el ensayo que iba a fungir como introducción al estudio que sobre el corrido Hernández preparaba desde hacía tiempo.  El libro llevaría por título De agravios, calamidades y venganzas: Una historia del corrido. La introducción, por su parte, se iba a titular “El estudio del corrido en los albores del siglo XXI”.  Más adelante hablaré de este texto. Las dos piezas restantes son un breve estudio del corridista Víctor Cordero y otro de “Rosita Alvírez” el famoso corrido norestense.  En el texto sobre Víctor Cordero, autor paradigmático y fundamental en la diseminación del corrido en el siglo XX,  Hernández trata la genealogía de un fenómeno muy actual y presente de manera preponderante en los corridos hoy en boga: la proliferación del antihéroe  como protagonista.

Hernández arguye al referirse a dos de las más famosas composiciones de Cordero, “Juan Charrasqueado” y “Gabino Barrera”, que los antivalores con que su autor los dota no pertenecen a la tradición corridística, que el ser borracho, parrandero, mujeriego, e irresponsable con la familia son características negativas en la sociedad rural donde emerge el corrido. Este  desfase, enunciado desde  las ciudades, principalmente la capital mexicana es, de acuerdo a Hernández, mediatizado por otras producciones culturales como son la canción ranchera y la cinematografía de la época.

Por su parte, el texto sobre Rosita Alvírez trata precisamente ese enigma corridístico: conocer las circunstancias de la creación de este corrido, uno de los más conocidos del folclor norteño. Su labor investigativa que en otros casos como en el de “El contrabando de El Paso”  llevó a Hernández a proponer de manera muy convincente y documentada el protagonista, autor y contexto de ese corrido resultó en buena medida infructuosa en el caso de “Rosita Alvírez”. A pesar de haber hecho una intensa investigación de campo en Coahuila, donde según el corrido se llevan a cabo los hechos, Hernández no pudo dar con ninguna pista ni de autor, ni de actores o circunstancia histórica del corrido. Lo que hace entonces  Hernández es una interesante y aguda lectura cultural del corrido de Alvírez y de la re-semantización que de él hace “Lalo” González Piporro.

En relación al ensayo que inaugura el dossier aclaro que no sé siquiera si la versión de la introducción que publicamos es la última que Hernández había escrito. Sí es la que me pareció más completa y reciente de lo que pude encontrar en sus archivos.  De entrada el texto manifiesta una de las constantes preocupaciones de Guillermo, la dificultad de hacer un estudio histórico del corrido a causa del desdén (ninguneo diría él) que ha sufrido el género. En más de una ocasión al charlar comentábamos sobre las dificultades de impartir cátedra de corrido a nivel universitario.  La principal no era, como pudiera pensarse, algún impedimento curricular o falta de entusiasmo de administradores sino la falta de capital simbólico percibido por los estudiantes potenciales, sobre todo – y lamentablemente- por aquellos de origen mexicano (“yo no vine a la universidad para estudiar al Piporro o a los Tigres del norte”).

Al revisar “El estudio del corrido en los albores del siglo XXI” para este dossier consideré incluso dejar en inglés un par de notas que por alguna razón Guillermo no redactó en español. En lugar de traducirlas  me parecía que dejarlas tal cual apuntaba a otra de las grandes cualidades de la labor de Guillermo, su extrema comodidad con las dos principales fuentes del estudio del corrido: la hecha en México y la hecha desde Estados Unidos. En efecto, Hernández entendió como pocos los códigos culturales mexicanos en ambos lados del Río Grande-Bravo y supo reconocer el problema de estas  dos líneas de investigación del corrido que se han mantenido por muchos años corriendo de manera paralela, aunque muchas veces sin atender la una a la otra y en ocasión incluso parecen ir en direcciones opuestas.

Sin embargo, Guillermo sirvió como uno de los principales puentes para establecer y reestablecer esa comunicación. Un esfuerzo en esa dirección fue el número especial de la revista Aztlan de 1997 dedicado al corrido. En aquellos años yo trabajaba como asistente de Hernández en ese proyecto y recuerdo claramente lo importante que era para él que hubiera representación tanto de estudiosos del corrido establecidos en México como de los que trabajaban desde Estados Unidos. Estos últimos en su gran mayoría estaban afiliados a universidades. No era ese el caso de los colegas de México, muchos de los cuales eran y son investigadores independientes. Guillermo consideraba extremadamente importante que  esas voces se unieran por el bien del corrido. Como parte de esta misma labor de acercamiento es que Guillermo también dejó escuela en lugares como Michoacán y sobre todo Monterrey, Nuevo León, donde ayudó a forjar una generación de corridólogos que han continuado aportando al campo como son los casos de –entre otros- Guillermo Berrones y Armando Ortiz.

Otra de sus invaluables aportaciones al estudio del corrido fue la organización de  cinco congresos internacionales.  Como parte de su visión binacional siempre pensó que las sedes de los congresos deberían alternar entre México y Estados Unidos.  No siempre fue posible, de cualquier manera, donde quiera que se llevaran a cabo los congresos siempre se aseguró de que hubiera amplia representación de investigadores tanto de México como de los Estados Unidos y – de ser posible- otras partes del mundo. Los primeros cinco congresos internacionales del corrido se llevaron al cabo, respectivamente,  en Monterrey, México en 1992; en Austin, Texas en 1996; en Los Ángeles en 1998; en la ciudad de México en 2000 y en Culiacán en 2003.

Juan Carlos Ramírez-Pimienta

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(De agravios, calamidades y venganzas: Una historia del corrido)

Introducción.

El estudio del corrido en los albores del siglo XXI

GUILLERMO E. HERNÁNDEZ
Universidad de California en Los Angeles

 

Esta no es la historia del corrido que se debería escribir a principios del siglo XXI. Si estas fueran otras circunstancias hoy dispondríamos de una vasta documentación en torno a este importante género a partir del siglo XIX, o quizás aún desde antes. Nuestro repertorio de corridos llegaría a decenas, quizás cientos de miles de letras recogidas a través de los años por compositores e intérpretes, investigadores, familiares o aficionados. Estos textos estarían en archivos o guardados celosamente por coleccionistas además de haberse publicado en hojas sueltas, revistas, cancioneros y libros. Dispondríamos también de la música del corrido, anotada por escrito a lo largo del siglo XIX, pero con interpretaciones en grabaciones fonográficas recolectadas en vivo desde principios del siglo XX. Quizás hoy día estos materiales se estarían transfiriendo a una inmensa base de datos digital para su preservación, estudio y diseminación.

En estas circunstancias imaginarias también contaríamos con amplia información en torno a los compositores e intérpretes del corrido de diversas regiones, tanto profesionales como aficionados. Sabríamos quiénes iniciaron el género, los más prolíficos y aquellos de mayor popularidad. Asimismo, tendríamos testimonios de sus historias personales, sus repertorios y la inclinación poética o musical que les llevó a convertirse en autores de corridos. Conoceríamos  sus técnicas de composición, si primero imaginaban los acordes musicales y después los textos o bien procedían a la inversa. Tendríamos relatos de los contextos que inspiraron las letras y la música y las opiniones y reacciones de sus primeros públicos así como cúando, por quiénes y cómo se difundieron sus corridos.

En este mundo ideal habría documentación de los personajes mencionados en los corridos, sus historias personales y los hechos que los llevaron a actuar como lo hicieron, tanto su representación en los corridos como en la vida cotidiana. Diversos aspectos de la vida de estos personajes estarían a nuestra disposición en la documentación histórica de archivos regionales y nacionales, donde habría copias de actas de nacimiento y defunción, tanto parroquiales como civiles, así como en los expedientes de los procedimientos jurídicos de archivos judiciales, y en vastas colecciones hemerográficas y fotográficas.  Contaríamos con un legado generacional de investigaciones y estudios que permitirían una perspectiva en torno a la cultura popular de las diversas regiones donde el corrido se ha venido cantando desde hace ya casi dos siglos. Las recopilaciones de los textos y la música de corridos serían parte valiosa de nuestro conocimiento de la historia regional tanto en la organización social, la lengua utilizada, las costumbres, los valores que rigen y han regido la conducta de sus habitantes, además de su psicología y otras características económicas, sociales y artísticas. A su vez, este conocimiento nos permitiría tener una mejor comprensión del corrido como un género que plasma momentos fundamentales en la historia regional.

Sin embargo, las condiciones para escribir tal historia del corrido no existen en la actualidad. Nuestra realidad es distinta. Las colecciones, archivos y publicaciones regionales, cuando existen, frecuentemente son de difícil acceso y, las más de las veces, carecen de organización y de índices. Los empleados de los archivos generalmente laboran heroicamente con escaso apoyo institucional y sin preparación profesional, recursos, equipo y recintos que les permitan una apropiada conservación de los materiales y el fácil acceso a la documentación a su cargo. Como resultado de esta grave situación el investigador del corrido generalmente se enfrenta a condiciones inhóspitas y ha de seguir sus pesquisas con verdadero empeño— aunque una ciega obstinación siempre es preferible—para lograr rescatar algunos datos del olvido. Los hallazgos son raros y las búsquedas infructuosas son la regla, más que la norma. Sin embargo, llega a suceder que se localice a algún individuo, familia o documento que, sorpresivamente, permita el descubrimiento de una rica mina de información. A base de estos logros se han venido armando una serie de líneas de investigación del corrido que nos permiten vislumbrar la trayectoria de este valioso y versátil género popular que lo mismo atañe a las ciencias sociales que a las humanidades o a las artes.

Por algún tiempo los escasos especialistas del corrido han manejado una serie de preguntas fundamentales que siguen vigentes y que no deben soslayarse en el estudio del corrido: ¿Cuándo, dónde, y cómo surge el género? ¿Desciende acaso del romance español, procede de la epopeya prehispánica o es una creación mestiza que se desarrolla en alguna región en particular? ¿Qué género o géneros le anteceden o le sirven de contexto? ¿Qué relación tiene con otros géneros como la décima, la valona, la canción narrativa o la canción lírica? ¿Cuáles son sus rasgos más distintivos? ¿Cuál es su definición más apropiada? ¿Quiénes han sido sus autores? ¿Cuándo, en dónde y por quién fueron creados los corridos más importantes en la historia del género? ¿Cuáles son estos corridos importantes y por qué lo son? La lista de interrogantes es interminable y propicia a abrir nuevas áreas de reflexión, debate e investigación.

Todas estas preguntas están interrelacionadas en tal forma que, por ejemplo, si carecemos de una definición del corrido no podremos establecer un corpus representativo de diversas regiones, épocas y temas, lo cual, a su vez, nos impedirá distinguir las características básicas del género y, en tal caso, careceremos del suficiente conocimiento necesario para trazar la posible evolución del corrido, sus etapas más distintivas e importantes, sus rasgos fundamentales, así como su relevancia histórica y su valor artístico, lo cual nos lleva a la paradoja de no poder definir las características fundamentales del género y cómo podríamos reconocer un corrido al escucharlo. Es decir, se trata del dilema de la serpiente que se muerde la cola. Sin embargo, a pesar de lo formidable e inescapable de tal empresa, la situación no es para evadirla pues, como ocurre en todo campo de la cultura, lo importante no estriba en las respuestas que se puedan derivar de tal pesquisa sino que, al cuestionar e intentar responder a preguntas fundamentales, se llega invariablemente al planteamiento de nueves fuentes de estudio e investigación que a su vez permiten una mayor comprensión del fenómeno, que en este caso representa el testimonio cultural de un pueblo que, por varias generaciones, se ha dado a la tarea de crear y apreciar esa valiosa tradición artística que denominamos el corrido.

Panorama del corrido

Primeros esfuerzos de investigación

Entre los estudios del corrido que hoy podríamos llamar clásicos, sobresale una etapa inicial de estudio que ocurre aproximadamente entre los años de 1925 y 1965, y que consisten en una serie de recolecciones e investigaciones que aún son vigentes para los estudiosos. En 1925 Higinio Vásquez Santa Ana publica Canciones, cantares y corridos mexicanos, antología de textos principalmente del bajío mexicano, que incluye algunos corridos con los nombres de varios de sus autores, varios de ellos del siglo diecinueve. Sin embargo, es hasta 1937, cuando se publica el primer intento por definir el corrido formalmente y señalar sus características más prominentes. Armand Duvalier define el género como: ¨poema épico-lírico de aproximadamente veinte a treinta cuartetas octosilábicas que se rigen por seis básicas fórmulas primarias y ocho fórmulas secundarias¨. Las seis fórmulas propuestas por Duvalier son:

  • Llamada inicial del compositor/intérprete al público
  • Lugar, tiempo, y nombre del protagonista
  • Antecedentes al argumento del protagonista
  • Mensaje
  • Despedida del protagonista
  • Despedida del compositor/intérprete

No todas la fórmulas primarias aparecen necesariamente en cada corrido, Duvalier considera que tres de ellas son indispensables:  (2) Lugar, tiempo, y nombre del protagonista, (4) Mensaje y (5) Despedida del protagonista o bien (6) Despedida del compositor-interprete. Asimismo el corrido deberá estar constituido por estrofas de cuatro o seis versos.

Algunos años después, en 1939, Vicente T. Mendoza publica su monumental Romance y corrido, obra que continuará en sucesivos artículos y libros, iniciando una importante corriente de investigación. En 1953 Aurelio Espinoza publica su Romancero nuevomexicano, el cual incluye algunos corridos compuestos en los Estados Unidos. En 1957, Merle E. Simmons termina sus estudios del doctorado y más tarde publicó una revisión de tesis bajo el título de The Mexican Corrido as a Source for Interpretive Study of Modern Mexico, 1870-1950, obra que aparece bajo los auspicios de la universidad de Indiana en Bloomington, Indiana. Un año más tarde, en 1958,  Américo Paredes publica una versión revisada de su tesis doctoral, With the pistol in his Hand: A border corrido and its Heroe, importante obra que ha continuado editándose bajo la editorial de la universidad de Texas, en Austin, Texas. Por su parte, en 1973, Celedonio Serrano Martínez publica El corrido no deriva del romance español tésis prehispánica del origen del corrido. Además deberá mencionarse que la bibliografía del corrido incluye numerosos artículos de estudiosos que en sólo una ocasión o esporádicamente han escrito sobre el tema.

El primer desacuerdo: Paredes y Simmons

Un patente desacuerdo en cuanto a los orígenes, la evolución y las características fundamentales del corrido surge en 1963 entre Merle E. Simmons y Américo Paredes. Simmons, catedrático investigador de la Universidad de Indiana, había propuesto en su artículo “The Ancestry of México’s Corridos” rastrear los orígenes del corrido en los inicios mismos de la colonia ya que, opinaba, la presencia del corrido se hace patente desde entonces a lo largo del continente americano.  Para apoyar esta hipótesis, antigua y continental, Simmons aduce una serie de ejemplos que sentarían las bases de una tradición corridística  Tal propuesta es rebatida firmemente por Américo Paredes quien en “The Ancestry of Mexico’s Corridos: A Matter of Definitions” pone en tela de juicio la existencia de tales ejemplos como la raíz del corrido ya que, afirma: “algunos ejemplos no constituyen en sí una tradición”.  Para Paredes la existencia de una tradición del corrido solamente se justificaría al ser éste “un corpus íntegro de corridos que, debido al impacto que ejerce en la conciencia del pueblo que lo cultiva, debe su predominio al conformar la manera de vivir o reflejar la idiosincrasia de ese pueblo¨.  A su vez Paredes propone que es en la región fronteriza del sur de Texas y noreste de México donde, de acuerdo a su experiencia personal y, más tarde, basado en sus investigaciones, a partir de la segunda mitad del siglo XIX existen indicios de una continua y sólida tradición de corridos.  La hipótesis de Paredes, reciente y regional, ha sido objeto de amplia diseminación, especialmente en los círculos académicos de los Estados Unidos.

No son éstas las dos únicas propuestas sobre los orígenes y evolución del corrido que se han manejado.  Vicente T. Mendoza, parcialmente de acuerdo con Paredes, y como éste también adhiriéndose a una perspectiva reciente y regional, destaca que no existen ejemplos que puedan llamarse propiamente corridos anteriores a la segunda mitad del siglo XIX.[1]  En cuanto a la antigüedad y difusión geográfica del corrido, Mendoza opina que el género probablemente surge en el centro de México durante la segunda mitad del siglo XIX.  Finalmente, otra hipótesis sobre esta temática es la de Celedonio Serrano Martínez quien en su libro El corrido mexicano no deriva del romance español sostiene una tesis antigua y oriunda de acuerdo a la cual las raíces del género deben buscarse en los cantos narrativos pre-hispánicos.

 

La tradición del corrido en Zacatecas

Las hipótesis sobre los orígenes del corrido deberán ser reexaminadas a la luz de recientes colecciones y estudios y, en particular, de la colección reunida por Cuauhtémoc Esparza Sánchez en los años cincuenta del siglo veinte en el estado de Zacatecas y publicada en 1976 bajo el título de El corrido zacatecano. La meticulosa investigación histórica y el trabajo de campo de Esparza Sánchez satisface los requisitos que reclamaba Paredes pues demuestra la existencia en el estado de Zacatecas de una “tradición viva del corrido” que se inicia a principio del siglo diecinueve y continúa durante la revolución mexicana, con ejemplos  de la primera mitad del siglo veinte.[2] Esparza Sánchez no intentaba comprobar la existencia de un extenso corpus del corrido en Zacatecas. Su interés era apoyar su tesis del corrido como documento histórico, hipótesis que anteponía polémicamente ante su maestro Vicente T. Mendoza. Sin embargo, el estado de Zacatecas, posee, efectivamente, un extenso repertorio de corridos, los cuales forman una continua tradición desde principios del siglo diecinueve hasta la actualidad.

 

La colección Frontera de discos fonográficos

Un importante repertorio es la colección de discos fonográficos comerciales que constituye, indudablemente, la más extensa colección de música popular mexicana.[3]  La colección Strachwitz-Frontera incluye numerosas interpretaciones sonoras de corridos que nos permiten recrear la trayectoria del género en México y los Estados Unidos. Uno de los títulos en esta colección es nada menos que “El corrido de Gregorio Cortez”, grabado en 1928 cuando Paredes cumplía diez años de edad y escuchaba las historias del héroe tejano de labios de las personas mayores en su círculo familiar. Muchos de los músicos que grabaron en estos discos fonográficos comerciales interpretaban repertorios tradicionales del siglo diecinueve.

 

La tradición argentina

La importante colección de Olga Fernández Latour, Cantares históricos de la tradición argentina fue publicada en 1960.[4] Si bien esta colección argentina de baladas históricas tradicionales incluye décimas y composiciones de características distintas al corrido contemporáneo, Fernández Latour rescata ejemplos similares en forma y contenido a lo que Paredes exigiría en el corrido tradicional. Al aportar nueva evidencia, Fernández Latour corrobora a la deducción de Merle E. Simmons validando la posible existencia de una tradición de épica popular en el cono sur del continente americano, particularmente en Argentina y Chile. Coincidiendo con el corrido, algunos de estos ejemplos incluyen estrofas de ocho sílabas en rimas abcb y reflejan hechos narrativos heróicos. La representación del gaucho o huacho, vaquero de las pampas, se da en composiciones llamadas corridos, cielitos, y videlas.[5]  Estos poemas heróicos, al igual que los corridos de Zacatecas, se apegan al requisito que Paredes antepone a los corridos en cuanto a que constituyen una ¨tradición viva¨.   Es de interés que algunas de estas composiciones argentinas datan de finales del siglo dieciocho, por lo cual se podría suponer que el corrido tuvo una temprana existencia en el continente americano.

Orígenes

La evidencia a nuestra disposición indica que es primordialmente en el romance español donde se han de buscar los orígenes del corrido.[6] Las similitudes entre el romance y el corrido incluyen: (1) el nombre del género;[7] (2) la lengua española y sus recursos estilísticos; (3) la temática y las convenciones poéticas y narrativas; (4) las alusiones al entorno social (5) los acompañamientos musicales. Sin embargo, esta tesis peninsular no debería interpretarse como una simple continuidad de la tradición hispánica. Si bien existen abundantes ejemplos de la supervivencia del romance en las Américas y de romances que se transforman en corridos, también ocurre que el grueso del repertorio de corridos lo constituyen creaciones regionales de inspiración local. Pareciera como si la tradición del corrido hubiera tomado los materiales básicos del romance y los utilizara en la creación de una tradición basada en hechos inmediatos y con creadores y públicos vernáculos cuyas experiencias y preocupaciones eran ajenos al romancero. Tal suposición no es inconcebible pues el romancero en sí sufre una transformación similar en España al crear un romancero moderno en el que se narran las aventuras de guapos y valentones en contraste con los contextos nobles o cortesanos del romancero viejo.

Un cuadro comparativo de los repertorios del romance y del corrido, bastaría para corroborar la  indudable existencia de un nexo familiar,  no muy distante, entre los dos géneros. Por ejemplo, a pesar de la marcada distancia histórica,  la confrontación entre dos rivales, – como los casos de Fernán González (1550) y el rey, por una parte, y Valente Quintero y Martín Elenes (1923), por la otra—revelan una serie de extraordinarios paralelos. En este caso, tanto el rey como Elenes reprochan a sus subordinados la violación de códigos masculinos y jerárquicos y, al confrontar la rebelión de sus inferiores, esta representación del choque entre dos entidades políticas y sociales sintetiza un desafío que define el carácter de los contendientes. Las semejanzas narrativas, lingüísticas, poéticas y retóricas se deben, indudablemente, a la cercana relación que une a ambos géneros y que, dadas similares condiciones históricas y culturales, reproducirán similares creaciones poéticas:

“FERNAN GONZALEZ Y EL REY”          “VALENTE QUINTERO”

Allí hablara el buen rey,                                   Salió el Mayor para afuera,

su gesto muy demudado:                                 bastante muy irritado:

-Buen conde Fernán González,                       -Valente, tú no eres hombre,

mucho, sois desmesurado;                               no eres más que ocasionado.-

 

El conde le respondiera,                                  -Yo no soy ocasionado,

como aquel que era osado:                               yo soy hombre de valor,

-Eso que decís, buen rey,                                 nos daremos de balazos,

véolo mal aliñado.                                            si usted gusta, mi Mayor.-

(Alcina Franch v. I p. 92)                                (Mendoza, p. 198)

Tampoco es fortuito encontrar semejanzas entre un episodio del romance del siglo XVI, los “Los siete infantes de Lara” y una escena de “Lucio Vásquez”  corrido del siglo XX.  Ambos casos reflejan una similar preocupación entre el amor y protección filial—en este caso personificado por la figura materna y el hogar—ante los peligros que acechan a los hijos varones en el mundo externo. La advertencia de la madre representa una importante señal de peligro y, al menospreciarla y actuar en desobediencia, el hijo se expone a una retribución o castigo fatal:

“LOS SIETE INFANTES DE LARA”         “LUCIO VAZQUEZ”

Por Dios os ruego, mis hijos,                           Su madre se lo decía

no salgáis de las posadas,                                -Cuídate de una traición,

porque en semejantes fiestas                            no vayas hijo de mi alma

se urden buenas lanzadas.                                           me lo dice el corazón.

(Alcina Franch v. I, p. 118)                                         (Ortiz G., p. 32)

 

A lo largo de diferentes contextos históricos, el corrido logra mantener una serie de rasgos. Esta estabilidad genérica es evidente en textos distantes entre sí. Una somera comparación  entre, “Mañanitas de Hidalgo” (1811), de la colección reunida por Cuauhtémoc Esparza Sánchez, y algunos corridos de la revolución mexicana (1910-1920), es decir, con composiciones hechas cien años más tarde lo hace patente.  La primera narrativa representa al caudillo de la independencia mexicana, Miguel Hidalgo y Costilla, en su entrada a Guadalupe, Zacatecas, el año de 1811:

“MAÑANITAS DE HIDALGO”      “ASALTO A LA HACIENDA DE SAN JUAN”

A las seis, a Guadalupe,                       El día dieciséis de junio

por la casa de Cifuentes,                      con regocijo y afán

llegaron el cura Hidalgo                       entraron los gutierristas

con su tropa de insurgentes.                a la Hacienda de San Juan.

(Esparza Sánchez)                                (María y Campos)

En ambos casos se trata de cuartetas, octosilábicas, con rima ABCB y que forman parte de una narrativa local, enmarcando las hazañas de un protagonista representado en términos heróicos, sin dejar de ser circunstancias reales.  El narrador se dirige a un público conocedor del contexto aludido, y a quien, por lo tanto, no es necesario informarle sobre la identidad de los personajes mencionados ni de la importancia dramática o histórica de los acontecimientos sucedidos. Ambas estrofas representan a los protagonistas (Hidalgo y sus tropas/gutierristas) en primer plano, arribando decisivamente a la escena donde ocurrirán los hechos.

Asimismo, “Las mañanitas a Hidalgo” coinciden con otro corrido de la época de la revolución mexicana, “La punitiva”. Este corrido conmemora las hazañas de Francisco Villa al escapar la persecución del General Pershing a quienes respectivamente se les representa heroicamente y superando a un enemigo ridículo y falto de valor:

 

“MAÑANITAS DE HIDALGO”        “LA PUNITIVA”

¿Qué harán esos gachupines,                ¿Qué pensaban los americanos,

mercaderes y mineros,                           que combatir era un baile de  carquis?

con Hidalgo y con Iriarte                        Con la cara llena de vergüenza

que son hombres justicieros?                 se regresaron de nuevo a su país.

(Esparza Sánchez)                                  (Paredes)

Ambas estrofas emplean el recurso épico de representar despectivamente al enemigo (en el caso de los enemigos de Hidalgo “gachupines, mercaderes y mineros/americanos”), en contraste con las figuras favorecidas por el narrador y su público: (mexicanos y gente del pueblo), quienes despliegan virtudes de justicia y valentía.  Otra convención del corrido consiste en la representación gráfica de aquellos escenarios donde ocurren hechos de importancia narrativa.  En el corrido revolucionario conocido como “Derrota de Villa en Celaya”, al igual que en las “Mañanitas a Hidalgo”, se agudiza el suspenso al describir de manera sintética y vívida los preparativos para la batalla:

“MAÑANITAS DE HIDALGO”        “DERROTA DE VILLA EN CELAYA”

Hay fogatas en la plaza                          Villa tenía mucha gente

y en los cerros guarniciones,                  regada por dondequiera,

Hidalgo está con Zaldúa                                   y en San Luis Potosí estaba

y hay jefes en los mesones.                    la brigada de Natera.

(Esparza Sánchez)                                  (Hernández)

 

Una historia del corrido

Cada día es menos aconsejable la práctica común de investigar o estudiar algún aspecto del corrido desconociendo lo que ya se ha aportado en investigaciones anteriores. Dentro de este espíritu, propongo discutir “una historia del corrido”. He resistido llamar esta propuesta “la historia del corrido” pues, haciendo eco a John McDowell, creo firmemente que nuestros conceptos en torno a algunas cuestiones fundamentales en el corrido—definición, características, orígenes, evolución y significado artístico e histórico—están íntimamente ligados a los repertorios que discutimos. Por lo tanto, a medida que nuestro corpus del género se amplía, podemos aspirar a una mayor profundidad y precisión en nuestras perspectivas. Es a base de la evidencia a nuestra disposición, finalmente, que debe guiar nuestras discusiones y  con estas consideraciones en mente, propongo discutir, sobre la base de la representación temática y el discurso narrativo, las características formales, así como las bases para la composición y la diseminación que actúan como un complejo juego de factores uniendo a la tradición del corrido.

 

Representación temática

Son cuatro las áreas o modos de representación temática de mayor relieve en los textos del corrido: (1) Los personajes aludidos, (2) Los valores expresados, (3) El tiempo y el lugar indicado y (4) El lenguaje utilizado. Estas áreas o modos, no se encuentran aislados sino que, simultáneamente, se apoyan entre sí. En estas áreas o modos de representación se conjuga la visión del mundo que es propia del corrido y  que, produciendo un fuerte impacto sobre las creencias y prácticas de los públicos del género, modelan o conforman el carácter y la idiosincrasia del pueblo que lo cultiva. A su vez, cada una de estas áreas o modos incluye una diversidad de elementos.

Bajo el primer modo se representan a los personajes, quienes pueden incluir protagonistas, aliados, enemigos, testigos, miembros de una comunidad, públicos y narradores (compositores e intérpretes). Un segundo modo está constituido por valores o atributos y estos se dividen en valores y atributos positivos e incluyen bondad, verdad, valor, virtud, amor, lealtad, fuerza, carisma, amabilidad, generosidad, orgullo, humildad, agradecimiento, rectitud, cuidado y capacidad. Los valores negativos incluyen maldad, engaño, cobardía, corrupción, odio, fraude, debilidad, torpeza, crueldad, egoísmo, vergüenza, arrogancia, desagradecimiento, injusticia, maltrato e ineptitud. El tercer modo lo representa el tiempo y lugar (ya sea en la narración misma o durante la interpretación del corrido) y comprende los tiempos o lugares ya sea públicos, privados, oficiales, ordinarios, geográficos, históricos o imaginarios. El cuarto modo representado es el del lenguaje, y éste puede ser poético, formal, informal (coloquial, dialectal) conciso, directo o indirecto, y articulado como monólogo o diálogo.

 

Personaje

El corrido posee ciertas características que permiten identificarlo como género así como determinar sus significados. Entre estas características quizás la primordial es que en la representación de seres humanos se reflejen las experiencias y expectativas de aquellos públicos adeptos a escuchar el corrido. Es decir, se trata de personajes, cuya representación es creíble en una realidad cotidiana y que, además, hayan participado en acciones que ejerzan un profundo impacto en poblaciones reconocibles. Esto es particularmente reconocible en el caso de los protagonistas, quienes generalmente representan un modelo de conducta bajo circunstancias extraordinarias. Por ejemplo, Francisco I. Madero (1873–1913), líder de la revolución mexicana y considerado como un mártir asesinado por los enemigos del pueblo, es descrito en un corrido popular de la siguiente manera:

Ah qué Madero tan hombre,
le conozco sus acciones:
derecho se fue a la cárcel
a echar fuera las prisiones.
¡Virgen Santa de Guadalupe
lo llene de bendiciones!
(“Nuevo corrido de Madero,” en Hernández 1985a, p. 39-41)

El protagonista, Madero, es un hombre conocido  (“le conozco”), por valiente (“tan hombre”), justo y decidido pues libera prisioneros (“derecho se fue a la cárcel/ a echar fuera las prisiones”) y, por lo tanto merecedor de bendiciones por parte de la figura religiosa mexicana de mayor popularidad e importancia (“¡Virgen Santa de Guadalupe/ lo llene de bendiciones!”)

La representación de los personajes del corrido se hace de manera comparativa pues su conducta y actuación en la narrativa es interdependiente y permite definir sus respectivos papeles ya sea como aliados, enemigos, testigos, miembros de la comunidad, o narradores.  Por ejemplo, en la estrofa inicial al corrido conmemorando las hazañas del tejano Gregorio Cortez, se alude a un buen número de personajes y de sus respectivas identidades:

En el condado del Carmen
miren lo que ha sucedido:
murió el Sheriffe Mayor,
quedando Román herido.
(“Gregorio Cortez,” en Strachwitz 1994, p. 25-33)

En primer lugar hablan el narrador—originalmente el compositor y, más tarde, la voz es adoptada en la interpretación—quienes al decir (“miren”) se dirigen a un público compuesto por aliados, testigos, y miembros de la población local.  Para el público conocedor basta mencionar al “Sheriffe Mayor” para identificarlo como enemigo, dada su afiliación con las autoridades y su muerte señala la gravedad de la situación que se ha desatado. Finalmente, el narrador alude a Román quien como hermano del protagonista es un aliado y cuyas heridas intensifican el aprieto en el que se encuentra el héroe Gregorio Cortez.

La derrota del protagonista (“Ya agarraron a Cortez”) representa un evento trágico y heroico a la vez pues, al igual que otras figuras del corrido, Cortez muestra una presencia moral (“por la buena sí me llevan”) a pesar del desamparo en que se encuentra (“ya terminó la cuestión”). El sufrimiento de sus seres queridos (“la pobre de su familia”) acentúa la dimensión humana de su trance:

Cuando llegan los sheriffes
Gregorio se presentó:
por la buena sí me llevan
porque de otro modo, no.-

Ya agarraron a Cortez,
ya terminó la cuestión,
la pobre de su familia
la lleva en el corazón.
(“Gregorio Cortez,” en Strachwitz 1994, p. 25-33)

Al mencionar a personajes enemigos sus cualidades negativas pueden describirse en términos humorísticos. Esta estrategia retórica es utilizada frecuentemente por el narrador quien se vale de ironía  o sarcasmo para atacar la conducta de sus adversarios. Huir en una batalla y sentir miedo son señales de cobardía en una lucha:

Los de Yurécuaro andaban,
al golpetear la carrera,
que parecían golondrinos
por entre la zacatera.

Los de Yurécuaro andaban
que no hallaban ni qué hacer,
llorando como chiquitos
cuando ya querían correr.
(“Corrido de Yurécuaro y Tanhuato,” en Hernández 1985a, p. 25-28)

Los personajes representados pueden incluir a los narradores mismos, ya sea compositores o intérpretes, como es evidente en el corrido de “Jesús Leal” donde la voz narrativa despide al protagonista Leal (“yo me despido de ti”).

Adiós Jesusito Leal,
yo me despido de ti,
estos versos te compuso
una joven de Tepic
(Jesús Leal,” en Hernández 1985a, p. 28-32)

Es digno de mencionarse que, después de identificarse ella misma (“una joven de Tepic”), las palabras de la creadora serán repetidas por los subsecuentes intérpretes-narradores del corrido. En este cambio de la voz narrativa, del compositor al intérprete, suelen ocurrir modificaciones al relato. En “Jesús Leal”, por ejemplo, este cambio acentúa el conocimiento que el intérprete da al acto de creación. (“estos versos te compuso/una joven de Tepic”), demostrando, como MacDowell ha anotado acertadamente, la capacidad reflexiva del género.

Es frecuente encontrar variación en la voz narrativa del corrido. Por ejemplo,  en “Kiansis” el narrador menciona la presencia de un personaje (“La mujer de Alberto Flores”) y procede a recrear el diálogo entre la madre de un vaquero (“—¿Qué razón me da de mi hijo?”) y el caporal que ha supervisado las labores del hijo (“—Señora, yo  le diría/pero se pone a llorar”). Después de este intercambio, la voz del intérprete retorna a la narración, dirigiéndose primero al público (“Ya no tengo que cantarles”) y dar finalmente término al relato (“aquí termina”):

La mujer de Alberto Flores
le pregunta al caporal:
-Déme razón de mi hijo
que no lo he visto llegar-

-Señora, yo le diría,
pero se pone a llorar,
lo mató un toro frontino
en las trancas de un corral.-

Ya con ésta me despido
por el amor de mi querida.
Ya les canté a mis amigos
los versos de la corrida.
(“Kiansis,” en Paredes 1976, p. 54)

Si bien los protagonistas del corrido son predominantemente figuras masculinas, con características de la cultura mexicana regional, el género no es adverso a la representación de gran diversidad de identidades, siempre y cuando éstas concuerden con las normas del género. Esta flexibilidad en la representación de los personajes explica en gran parte el éxito de “Contrabando y traición”, corrido de la década de 1970, a pesar de la aparente anomalía, al representar a una mujer como protagonista, ésta exhibe las características heroicas que acostumbran representar los varones:

Sonaron siete balazos,
Camelia a Emilio mataba;
la policía sólo halló
una pistola tirada,
del dinero y de Camelia
nunca más se supo nada.
(“Contrabando y traición,” en Vélez 1982, p. 68)

En efecto, después de vengarse de la traición de su amante Emilio, Camelia escapa con el dinero y nunca es aprehendida. Las heroínas anteriores a este corrido generalmente representaban modelos negativos por lo cual eran censuradas al violar los códigos de conducta establecidos. Este corrido, por lo tanto, representa un parteaguas en la historia del género ya que además de exaltar la valentía y sentido de justicia de  una mujer, Camelia, desaprueba la actitud cobarde e indigna de su pareja, Emilio, justificando su muerte.

Una hembra, si quiere a un hombre
por él puede dar la vida,
pero hay que tener cuidado
si esa hembra se siente herida;
la traición y el contrabando
son cosas incompartidas.
(“Contrabando y traición,” en VéIez 1982, p. 68)

Esta adaptabilidad representativa del género explica en buena medida su formidable capacidad de incorporar a la tradición gran diversidad de ocupaciones, características regionales, afiliaciones políticas e identidades sociales. De hecho, esta versatilidad permite a los corridos incluso representar protagonistas no humanos, tal como sucede con los caballos, siempre que su tratamiento se apegue a sus cánones de heroicidad. En el corrido “El potro lobo gateado”, por ejemplo, el caballo juega un papel al nivel del protagonista ranchero.[8]

Montó el charro en su caballo:
-Esa carrera les gano.
Mi caballo es muy violento:
se va venir como rayo,
le va ganar a la yegua.
¡Prepárenle otro caballo!

A las primeras pasturas
el caballo no se vía,
se cubrió de polvadera.
¡Qué caballo tan violento!
Nomás alas le faltaban

para volar por el viento.
(“El potro lobo gateado,” en Hernández 1985a, p. 26-27)

Valores y cualidades

En su representación, los personajes del corrido se adhieren a un código de ética bajo el cual se juzgaban sus acciones en términos ya sea positivos o negativos. Esto es, y como MacDowell (1981) lo señala, el corrido es proposicional. Se trata de un género basado en narrativas ejemplares donde las situaciones conflictivas representadas se resuelven en la derrota o el triunfo de uno de los contrincantes. Si bien los personajes suelen representar un valor o atributo determinado, su conducta también puede exhibir o combinar valores o atributos. Sin embargo, dada la naturaleza heroica de esta tradición, la valentía es una de las características evidentes en los protagonistas. Por ejemplo, en el corrido de “Arnulfo”, el narrador describe las acciones de los adversarios en términos estéticos (“que bonitos son los hombres”), y justicieros (“defendiendo su derecho”) pero es su gran valor  ante el desafío (“que se matan pecho a pecho”) lo que les da una dimensión heroica:

¡Que bonitos son los hombres
que se matan pecho a pecho,
cada uno con su pistola,
defendiendo su derecho!
(“Arnulfo,” en Ortiz 1992, p. 28-29)

Los personajes enemigos son objeto de menosprecio por lo cual su representación es necesariamente negativa y sus valores y atributos contrastan con las virtudes de sus heróicos adversarios. Tal es el trato que recibe Victoriano Huerta, responsable del golpe de estado en contra de la digna figura del presidente revolucionario Francisco I. Madero. En la “Batalla de Zacatecas”, se caracteriza a Huerta como un ser vil (“borracho”), deforme (“patas chuecas”) además de mostrar su debilidad al perder una batalla (“Zacatecas”) tras sufrir una aplastante derrota por su valeroso oponente (“Pancho Villa”):

Ahora sí, borracho Huerta,
harás las patas más chuecas
al saber que Pancho Villa
ha tomado Zacatecas.
(“La toma de Zacatecas,” en Hernández 1985a, p. 68-69)

Como se ha mencionado anteriormente, esta representación negativa puede asumir un cariz satírico tal como ocurre en la representación que en su corrido da el General Inez Chávez García a un aspirante a partidario:

Decía Rafael Espinoza:
-Señor, lo acompañaré.
Y don Inez le decía:
-¿Para qué lo quiero a usté?

(“Corrido de Inez Chávez García,” en Hernández 1985a, p. 112-115)

El público conocedor de los hechos seguramente advertirá el rechazo humillante que recibe Rafael Espinoza por parte de Chávez, quien rehúsa aceptarlo como miembro de sus fuerzas. Los espectadores locales—que conocían a Rafael Espinoza y las razones de tal desdén—debieron de haber disfrutado la escena al comprender su significado.[9] Esta práctica es común entre los narradores, quienes frecuentemente agregan al texto detalles que revelan el contexto del relato y que aclaran el papel y la reputación de los personajes representados.

Dentro de los parámetros tradicionales del género, prácticamente cualquier causa o figura se acopla a la narrativa del corrido. Por ejemplo, los partidarios y admiradores de Francisco Villa le dedican un ciclo de corridos representándolo como un protagonista heróico y sus oponentes, por otra parte, lo describen negativamente, ridiculizándolo. En las estrofas a continuación, le imputan arrogancia (“No te las eches”) y lo califican de inepto guerrero recordándole su derrota en Celaya (“las más hechas se van”) y mencionan su nombre real (Arango). A los partidarios de Villa se les representan como inofensivos soldados que reconocen sus lastimosas condiciones (“Ya no semos tan temidos”) quienes dan lástima (“pobrecita gente”) pues luchan con falsas expectativas de victoria (“se les afiguraba”) confundiendo destreza militar con el vicio (“que tomaban a Celaya como tomar aguardiente”):

No te las eches Arango
ni te las vayas a echar,
ni las cuentes tan seguras
que las más hechas se van.

Decían los pobres villistas:
-Ya no semos tan temidos,
por dondequiera rodamos,
parecemos armadillos.

Ya se les afiguraba
a esa pobrecita gente
que tomaban a Celaya
como tomar aguardiente.
(“Derrota de Villa en Celaya,” en Hernández 1985a, p. 79-82)

Tiempo y localidad

Estos dos conceptos, tiempo y localidad, se refieren respectivamente a la cronología y la geografía en los que transcurren los eventos de las narrativas del corrido. Generalmente ambos conceptos reflejan las magnitudes acostumbradas en la vida diaria: “En la ciudad de Linares/serían más o menos/cinco de la tarde” (“Subteniente de Linares” en Ortiz 1992, p. 71-72). Frecuentemente las escenas ofrecen algún punto de referencia: “kilómetro once setenta/carretera nacional” (“Arturo Garza Treviño” en Ortiz 1992, p. 68-69).  Para quienes tienen amplia experiencia escuchando corridos algunas breves alusiones son suficientes para recrear una escena. Por ejemplo, en el corrido “San Pedro de los Ruedas”, la descripción de la fiesta anual (“cada año”) es apenas esbozada y, sin embargo, basta para sugerir la algarabía, movimiento y color producidos por un gran número de gente:

Había juego de pelota,
también peleas de gallos;
la gente llegó en camiones
otros a pie y a caballo
pa’ celebrar una fiesta
que se festeja cada año.
(“San Pedro de los Rueda, en Ortiz 1992, p. 91)

Las localidades mencionadas en el corrido generalmente incluyen plazas, calles, salones de baile, bares, o campos de batalla. También se mencionan espacios naturales como son caminos, sierras o montes, minas, y campos agrícolas. Menos comunes son los sitios oficiales como iglesias, instalaciones militares u oficinas. Ocasionalmente ocurren eventos en ciertos recintos privados, como es la casa o, aún sin mencionar el lugar, se presenta algún monólogo o diálogo. Las referencias cronológicas son comunes. Generalmente, cualquier mención al tiempo se limita ya sea a la hora, el día o el año cuando el evento ocurre. Al igual que ocurre en otras áreas o modos, los corridos muestran flexibilidad en la ubicación de los hechos.   En efecto, tiempo y espacio son elementos importantes en la representación del corrido, en tanto la geografía y la cronología imprimen un sentido de realismo que imprime credibilidad histórica al relato y realza las acciones de los personajes:

En mil novecientos quince,
Jueves Santo en la mañana,
salió Villa de Torreón

a combatir a Celaya.

(“La toma de Celaya,” en Hernández 1985a, p. 69-70)

Lenguaje

Un aspecto lingüístico importante en los corridos  es la fidelidad a los patrones dialectales y el apego al habla tradicional. El vocabulario del corrido es distintivamente regional y se apega a las tradiciones rurales mexicanas. Particularmente en los corridos antiguos, es frecuente que los hablantes empleen palabras tales como ‘vía’ por ‘veía’, ‘ora’ por ‘ahora’, ‘suidad’ por ‘ciudad’, ‘usté’ por ‘usted’, y ‘ahí’ y  ‘haiga’ por ‘haya’. La pronunciación y modulación de los intérpretes reproduce las tonalidades dialectales locales por lo cual los públicos del corrido reconocen en el relato los valores culturales que prevalecen en sus entornos sociales. Esta información lingüística y cultural es importante. Por ejemplo, en el corrido de “Manuel Lozada”, el público se percata tanto del habla usada en esta comunidad trilingüe del norte de México (huichol, cora y español), además de la práctica local asociada con la tambora:

Llegaron a los portales
gritando en huichol y cora:
que les dieran aguardiente y
tocaran la tambora.
(“Corrido de Manuel Lozada,” en Esparza Sánchez 1976, p. 25-28)

Por lo tanto, el público deberá poseer conocimiento de los hábitos lingüísticos locales si ha de comprender y apreciar los matices culturales de la narrativa. En “Filadelfo Robles”, por ejemplo, corrido de la “Costa Chica”—región afro-mestiza del estado de Guerrero— se alude tanto a costumbres de origen africano (“sombra pesada”) como al vocabulario regional local (“broza”):[10]

Ese Filadelfo Robles
tenía la sombra pesada;

él andando con su broza
ni los perros le ladraban.
(“Filadelfo Robles,” en Aguirre Beltrán 1985, p. 176)

Esta práctica regional también se manifiesta ante la presencia del inglés entre los hablantes de español a lo largo de la frontera de México con los Estados Unidos. En “El Contrabando del paso”, los juzgados, el andén de una estación y un carro de ferrocarril sufren de préstamos lingüísticos: ‘corte’ por ‘court’, ‘dipo’ por ‘depot’, y ‘coche’ por ‘coach’:

Nos sacaron de la corte
a las ocho de la noche,
nos llevaron para el dipo,
nos montaron en un coche.
(“El Contrabando del Paso,” in Strachwitz 1994, p. 100-104)

Si bien el corrido refleja una percepción cotidiana del mundo, su lenguaje está sujeto a ritmos poéticos. Esta forma literaria, generalmente de cuartetas octosílabas en que la rima coincide en los versos pares, coincide con la copla:

A-ño-de-mil-no-ve-cien-tos,        A 8

Muy-pre-sen-te-ten-go-yo,          B 8

Que en-un-ba-rrio-de-Sal-ti-llo,  C 8

Ro-si-ta-Al-ví-rez-mu-río            B 8

(“Rosita Alvírez,” in Ortiz 1992, p. 29-30)

Sin embargo algunos corridos tienen seis o siete sílabas; aunque con menos frecuencia:[11]

A-gus-tín-ba-ja-ba,     A 6

ba-ja-ba y-su-bí-a,       B 6

él-per-dío-la-vi-da       C 6

por-Ma-rí-a-Gar-cí-a   B 6

(“Agustín Jaime,” in Ortiz 1992, p. 31)

Los esquemas rítmicos pueden mostrar cierta variación.  Algunos compositores utilizan rimas que coinciden tanto en los versos pares, como en los impares, pero aún en estas variaciones a la norma hay una tendencia a observar los patrones tradicionales. Por ejemplo, en “Pistoleros famosos”, se agregan dos versos a la cuarteta, aunque la primera (A) y la tercera (A) riman, con el sexto verso (B) siguiendo la rima acostumbrada al coincidir el segundo verso (B) con el cuarto (B) verso:

Por-las-már-ge-nes-del-Rí-o,          A 8

De-Rey-no-sa has-ta-La-re-do,       B 8

se a-ca-ba-ron-los-ban-di-dos,         A 8

se a-ca-ba-rondos-pa-ter-os;           B 8

y a-si- sees-tán-a-ca-ban-do              C 8

a-to-dos-los-pis-to-le-ros                 B 8

Si bien los ejemplos arriba mencionados mantienen regularidad métrica, la irregularidad es frecuente. Las variaciones más comunes se encuentran en los corridos antiguos cuya difusión oral posibilita la creación de variantes. En comparación, los corridos contemporáneos, que se transmiten generalmente por medios electrónicos así como con métodos modernos de producción y comunicación, tienden a mantener una única versión narrativa textual así como una métrica regular. Dentro de esta tendencia poética de los corridos modernos debe mencionarse la influencia a las convenciones lingüísticas: en los corridos con menos frecuencia aparecen giros regionales adoptando el español standard difundido por los medios comerciales de comunicación: radio, cine, y televisión. Es decir, que en esta transformación el corrido ha dejado un mundo oral o tradicional por el de la cultura popular.

 

Notas

[1] Gabriel Moedano, destacado antropólogo discípulo de Vicente T. Mendoza, me ha señalado que éste le manifestó su intención de opinar sobre la discusión Simmons-Paredes mas su fallecimiento le impidió hacerlo. Comunicación personal, 19 de noviembre de 1991.

[2]  Tanto Paredes como Esparza Sánchez hicieron sus entrevistas de campo en los tempranos años cincuentas pero mientras que el tejano pudo publicar su trabajo relativamente pronto, el mexicano tuvo que esperar un cuarto de siglo a que su estudio fuera aceptado para publicación. Desafortunadamente, hasta ahora los estudiosos del corrido no le han prestado la atención debida a este importante trabajo.

[3] La colección Strachwitz Frontera —ubicada en la UCLA—consiste de grabaciones fonográficas hechas entre 1904 y 1950.  Incluye  aproximadamente  15,000 discos de 78-rpm de música vernácula mexicana que documentan muchas canciones líricas populares como son las primeras grabaciones de  corridos, canciones, boleros, rancheras, sones, así como algunas muestras de música  instrumental, incluyendo música de conjunto. Muchas de estas grabaciones tempranas fueron producidas por  compañías que ya no existen. Asimismo, muchos de los masters de metal fueron fundidos durante la segunda Guerra mundial. Hay aproximadamente 14,000 discos de  45-rpm en la colección, que representan muchas de las pequeñas compañías discográficas regionales que fueron creadas para la creciente población de habla hispana a lo largo de la frontera. Finalmente, la colección también incluye  aproximadamente  3,000 discos de 331/3-rpm que  ilustran estilos musicales contemporáneos y tradiciones regionales.

[4] A pesar de haber publicado una reseña del trabajo de Fernández Latour un año antes de su crítica a Simmons, Paredes no la menciona ni alude a su observación de los ejemplos de la tradición argentina.

[5] En su Romance y corrido, publicado en 1939, Vicente T. Mendoza discute la existencia de sobrevivientes del romance en América del Sur.  Muchos de éstos tenían afinidad con la tradición del corrido y algunos ejemplos fueron evidentemente compuestos por autores locales revelando así una composición y transmisión orales.

[6] La evidencia a favor de un origen prehispánico es escasa y débil. Los pocos trabajos que han defendido esta tesis adolecen de dos problemas: (1) no establecen la transformación lingüística, literaria, musical, y retórica de los cantos narrativos indígenas hacia formas y contenidos de una cultura diferente; (2) Los ejemplos de apoyo a la tesis prehispánica no tienen parentesco con el corrido.

La existencia de una narrativa indígena es irrefutable, pero aún no se ha comprobado que el corrido haya surgido de tal narrativa.  Es necesario recordar que si bien todo corrido es narrativa no toda narrativa es corrido. Además, puesto que la gran mayoría de pueblos en el mundo poseen tradiciones narrativas, no por ello estaría justificado llamarlas ¨corridos¨.

[7] El corrido es, a todas luces, una derivación del romance-corrido.

[8] La mayoría de corridos que describen carreras de caballos ilustran al caballo como protagonista y a los dueños como personajes secundarios. Son raros los protagonistas duales como en el corrido del “Potro lobo gateado”. Su existencia podría ser explicada como una historia dentro de una historia: un ranchero desafía al rico dueño de una hacienda y la carrera de caballos es una narrativa subalterna que puede sostenerse por sí misma.

[9] Guadalupe García Terrés (1997) discute el contexto histórico del ciclo de corridos dedicados a este revolucionario.

[10] La “sombra pesada” de Filadelfo indica el estatus de un individuo excepcional. Aguirre Beltrán (1985) discute este concepto como la supervivencia de una creencia espiritual africana. “Broza” es la banda o el grupo de seguidores.

[11] Hay un tipo de composición, identificada como corrido, encontrada fundamentalmente en el estado de Morelos, con líneas largas de catorce y más sílabas. Aunque se ha identificado como corrido, esta rama de las composiciones musicales debe primero ser estudiada comparativamente, para así encontrar el grado de su similitud y diferencia con el corrido trágico encontrado en otras partes de México y los Estados Unidos. Un estudio similar debe llevarse a cabo con la valona. Razo Oliva (1997) discute la posibilidad de una liga entre el corrido y la valona.

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